La Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) ofrecerá este fin de semana un programa de gran exigencia artística, bajo la dirección del maestro Rodrigo Macías, quien regresa al podio de la agrupación tras varios años de ausencia.
En el concierto actuará como solista invitada la violista Ella Shamoyan, integrante de la propia orquesta, quien interpretará una de las piezas más demandantes del repertorio de su instrumento: el Concierto para viola de Béla Bartók.
Además de la composición de Bartók, el programa reúne obras de Ravel y Brahms, lo que representa un verdadero reto artístico tanto para la orquesta como para el director y la solista invitada, según admitió Rodrigo Macías al Diario.
“Es un programa complicado, difícil, que exige lo máximo de todos, pero también es muy disfrutable”, subrayó el director huésped.
“La Tercera Sinfonía de Brahms, quizá la más popular de sus sinfonías, pero también la más delicada y difícil de interpretar, cerrará el concierto. Antes, haremos la ‘Pavana para una infanta difunta’ de Ravel, una pieza fúnebre y bellísima, y el concierto de Bartók”.
Rodrigo Macías, director titular de la Orquesta Sinfónica del Estado de México, se dice contento de volver a actuar con la OSY. “La primera vez que colaboré con la OSY fue en 2010, con la ópera ‘Don Pascuale’. Luego, en 2017, hicimos un concierto con Armando Manzanero, luego vino la pandemia y ahora regreso después de varios años”, compartió.
El músico reconoce en la OSY una orquesta profesional y comprometida. “Me gusta mucho esta orquesta, está llena de músicos entregados, dispuestos a trabajar. Y eso es lo que se necesita para un programa como este, que no solo es difícil por las notas, sino por la interpretación misma. Se requiere sensibilidad, fuerza y control”, expresó.
Para Macías, dirigir obras tan contrastantes implica un desafío especial y, además, el tiempo transcurre distinto durante la interpretación de cada una de ellas.
“Brahms tiene un estilo muy característico. Es una pieza en cuatro movimientos, muy intensa, con mucho ‘power’, pero llena de momentos de delicadeza; la de Bartók es una pieza de una fuerza brutal, con mucha energía, con mucha adrenalina, pero también tiene momentos muy tranquilos. Y Ravel es una pieza con un carácter introspectivo, reflexivo que nos hace recordar, que nos hace evocar”.
“Entonces, ¿cómo transcurre el tiempo? Yo diría que en Ravel transcurre de una manera muy pausada. En Bartók, como un tren que pasa muy rápido, con muchos obstáculos, con paisajes muy cambiantes. Y con Brahms, con momentos de gran serenidad y momentos de gran adrenalina y potencia”.
Por su parte, Ella Shamoyan, quien desde 2017 es parte de la OSY, vivirá una experiencia especial al tomar el papel de solista frente a sus propios compañeros. “Es emocionante y un reto enorme, pero también me siento en casa, rodeada de colegas que me brindan todo su apoyo”, señaló.
Shamoyan, nacida en Armenia, conoce profundamente el Concierto para viola de Bartók, una obra compleja y poco común en el repertorio de solistas. “Es una pieza demandante, no solo técnicamente, sino también por su lenguaje. Bartók tiene un estilo distinto, lleno de fuerza y emoción”, dijo la violista, quien ya ha tocado la pieza anteriormente, primero al titularse en Armenia y luego dos veces en México, “pero siempre descubres cosas nuevas”, aseguró.
Su instrumento es mucho más que un medio artístico; es un compañero de vida. “La viola es como un amigo de toda la vida. Empecé con el violín a los seis años y a los dieciséis me cambié a la viola. Desde entonces no la he soltado. Es un instrumento difícil, más grande y más fuerte que el violín, pero con un sonido más cercano a la voz humana, que puede transmitir sentimientos muy profundos”, explicó.
El cambio de violín a viola fue a sugerencia de su padre, también violista. “Mi papá me dijo: ‘Buenos violinistas hay muchos, buenos violistas no tanto’, y aunque al principio me molesté, después me di cuenta de que tenía razón. Hoy no me imagino tocando otra cosa”.
Aunque Rodrigo Macías está al frente de la orquesta, rechaza la idea del director como figura autoritaria. “Quedaron atrás los tiempos del director dictador. El director es importante, pero el director no sirve de nada sin la orquesta, y la orquesta sí puede estar sin director. El director aporta una visión artística a largo plazo, una cabeza de proyecto”.
Esa visión se refleja no solo en el podio, sino también en las decisiones que moldean el futuro de la orquesta. “El director debe proponer giras, grabaciones, proyectos sociales y comunitarios. Debe tener claridad de lo que quiere lograr y saber comunicarlo, con liderazgo positivo, no con miedo”, enfatizó.
A la pregunta de por qué eligió ser director, Rodrigo Macías, quien también es pianista, reconoció no saberlo aún. “Todavía no sé por qué soy director. Es una profesión difícil, no es una carrera de velocidad, sino de resistencia. Se necesita experiencia. Es como ser piloto de avión, pasa uno muchas horas de vuelo, y eso es lo que hace la experiencia, el conocimiento”, declaró.
Ella Shamoyan y Rodrigo Macías prometen un concierto inolvidable, tanto para los músicos como para el público, con obras intensas, llenas de emoción y técnica.— IVÁN CANUL EK
El director es importante, pero el director no sirve de nada sin la orquesta, y la orquesta sí puede estar sin director —Rodrigo Macías
