Para quienes vivimos en Yucatán los meteoritos forman parte de nuestra vida, pues hace 66 millones de años, frente a las costas de Chicxulub se precipitó un aerolito cuyo impacto estableció las condiciones para la extinción de los dinosaurios, permitiendo el desarrollo de los mamíferos, en particular nuestra especie, los seres humanos. La amenaza de un suceso similar en el futuro nunca estará descartada.
Por tal motivo, la UAI (Unión Astronómica Internacional) auspicia un proyecto llamado Near Earth Objects, (NEO) dedicado a monitorear objetos celestes que puedan tener contacto con la Tierra.
El 27 de diciembre de 2024 fue descubierto por el Observatorio Atlas de Chile un objeto llamado 2024 YR4, que tiene aproximadamente entre 40 y 90 metros de diámetro y algunas probabilidades de chocar con nuestro planeta el 22 de diciembre de 2032.
Se tienen pocas mediciones de la órbita de este asteroide. Si su órbita fuera una pista de atletismo de 400 metros, solamente habríamos visto los primeros 6 metros. Por esto se ha puesto en marcha una carrera mundial entre observatorios para definir bien su órbita antes de que su imagen quede obstruida por el Sol. De momento la probabilidad de choque con la Tierra es de 2.8%.
Un cuerpo similar a este se estrelló en Arizona hace 50,000 años, abriendo un cráter de un kilómetro de diámetro, aniquilando toda forma de vida en 4 kilómetros a la redonda. El conocido meteorito de Tunguska, que explotó en la atmosfera de Siberia en 1908 se supone era de las mismas dimensiones (no del mismo material, 2024 YR4 parece ser metálico) y arrasó 2,000 kilómetros cuadrados de bosque.
Una simulación de 2024 YR4 puede verse en: https://theskylive.com/3dsolarsystem?objs=2024yr4&date=2029-12-26&h=13&m =37 &
