La traductora Selma Ancira, acompañada de David Loría Araujo y Agustín del Moral al presentar el libro “El tiempo de la mariposa” en la Filey
La traductora Selma Ancira, acompañada de David Loría Araujo y Agustín del Moral al presentar el libro “El tiempo de la mariposa” en la Filey

Para Selma Ancira, traducir no es solo trasladar palabras de un idioma a otro; es un arte que requiere escuchar, encontrar ritmo y música en el texto original, una labor que, más que técnica, es profundamente creativa y vital.

En el marco de las actividad de la Filey, en la sala Yolanda Lara Barrera del salón Chichen-Itzá tuvo lugar anteayer la presentación de su libro “El tiempo de la mariposa”, en la que estuvo acompañada del doctor David Loría Araujo y el novelista Agustín del Moral.

Durante la presentación, Selma Ancira compartió con el público su visión sobre el oficio de la traducción, un trabajo que muchas veces queda invisibilizado. En su opinión, esa omisión es injusta, pues lo que el lector tiene en sus manos es el texto que el traductor ha traído a su lengua.

“Es como si ustedes tuvieran una partitura, pero no supieran leer música. Necesitan un intérprete. Para que les lleguen los sonidos de la obra original estamos nosotros, los traductores”.

La autora rechaza la imagen estereotipada del traductor como un personaje aislado, encerrado entre diccionarios. Para ella, el oficio requiere salir al mundo, vivir, experimentar. “Un traductor sale a la calle en busca de palabras”, afirmó.

El compromiso con la experiencia llevó a la invitada a recorrer distintos lugares en busca de las imágenes que pueblan los textos que traduce. En “El tiempo de la mariposa” relata cómo al intentar traducir el libro “Zorba, el griego” visitó una mina con amigos filólogos.

“Cuando leía el libro en griego, pensaba que una mina era subterránea, como la mayoría de nosotros imaginamos. Pero allí descubrí que la mina era distinta. Y me recordó a los cenotes de mi amado Yucatán”.

Subrayó que la traducción no es un proceso uniforme. Cada autor, cada libro exige un tratamiento distinto. “Dentro del universo de un solo autor, cada libro te pide ser traducido de una manera distinta”. Como ejemplo mencionó “El camino de la vida”, un libro de reflexión en el que no podía alterar ni una palabra, en contraste con “La felicidad conyugal”, novela en la que podía jugar más con la creatividad.

“El traductor tiene que saber escuchar qué le pide el libro, porque si no el resultado no va a ser correcto. A lo mejor sí es correcto, pero no será literario”, alertó.

Para cerrar, Selma Ancira se despidió leyendo un fragmento de su libro.

“En varias ocasiones, maravillada, me he preguntado cómo es posible que la literatura se cruce de manera tan tajante con la vida. Ocurre cuando la obra que estás traduciendo ya ha comenzado a correr por tus venas, cuando ha dejado de ser un texto ajeno para convertirse en propio, cuando has convivido con sus páginas con tanta intensidad que las fronteras entre ficción y realidad se desvanecen”.

El libro se puede encontrar en la Filey, en el estand de editorial Tormenta, con un precio de 100 pesos.— KARLA ACOSTA CASTILLO

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