“Cuando veo mi historia vocacional y miro atrás puedo contemplar cómo Dios se ha hecho presente en cada momento de mi vida”, aseguró el presbítero Javier Antonio Díaz Manzanero en su cantamisa, celebrada anteanoche en la iglesia parroquial de San Juan Pablo II.
“Me siento muy emocionado, contento”, dijo el joven sacerdote en su primera misa.
El orden sacerdotal lo recibió el pasado martes en la Catedral de Mérida en la fiesta de la Encarnación, como informamos.
“Dios mediante voy a estar apoyando en mi nueva experiencia en mi nueva parroquia en Panabá y en todas sus comunidades”, anunció a las numerosas personas que acudieron a la celebración.
“He tenido (experiencia) desde antes de entrar al Seminario porque Dios ha estado presente en todo momento: en los momentos bellos, en los alegres y en los más difíciles que he pasado”, añadió en su mensaje.
Indicó que incluso en el Seminario hubo momentos difíciles: aunque es un espacio “lleno de fraternidad, Javier (Arturo León Pino, quien se ordenó con él) no me dejará mentir, nos tocó una etapa teológica con pocos seminaristas, pero confiando en la presencia de Dios y en los formadores pudimos dar el siguiente paso, conscientes de que esta preparación nos llevaría a este momento de encuentro con Jesús, para luego ser enviados a nuestra misión: las iglesias donde vamos a servir”.
Deseó estar siempre presente con su rebaño.
En el inicio de la misa, el padre Javier Díaz dio gracias a Dios por el ministerio sacerdotal que les concedieron a su compañero y a él.
Añadió que la parroquia de Juan Pablo II, comunidad de la que forma parte, le trae “muchos recuerdos, experiencias, rostros conocidos” y agradeció “este momento tan bello que le permite vivir Dios porque aquí creció mi inquietud vocacional, fui profundizando mi fe y hoy, junto con la comunidad, presbítero y seminaristas, pedimos a Dios, al dueño de la mies, que siga enviando obreros para que podamos seguir compartiendo el anuncio del reino de Dios”.
La misa congregó a decenas de sacerdotes, entre ellos el presbítero Álvaro Carrillo Lugo, párroco de San Juan Pablo II, templo que se ubica en el fraccionamiento de mismo nombre, al poniente de la ciudad.
Hubo mensajes dirigidos a los sacerdotes recién ordenados pronunciados por los presbíteros Saúl Che Chi y Juan Antonio Díaz.
Al sacerdote le entregaron un cáliz y patena nuevos.
Al final de la misa, el padre Álvaro Carrillo reconoció la falta de sacerdotes en la Iglesia. La celebración concluyó con una convivencia en el atrio del templo.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
