“La paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, una tarea de todos”, Juan Pablo II.

Recuerdo que el papa Francisco, en su mensaje para 2021, pidió que las sociedades no se cierren hacia la indiferencia, el egoísmo y la cultura del descarte.

Y dijo también en esa ocasión, que la paz se puede construir si empezamos a estar en sosiego con nosotros mismos y sobre todo con quienes tenemos cerca, quitando los obstáculos que nos impiden cuidar de quienes se encuentran en necesidad y en la indigencia.

Se trata de desarrollar una mentalidad y cultura del cuidado para derrotar la indiferencia y la rivalidad que lamentablemente prevalecen hoy en día.

La paz no solo es ausencia de guerra sino es una vida rica de sentido, configurando en ella una realización personal y en el compartir fraterno con los otros. Entonces esa paz que siempre se encuentra en peligro por la violencia, el egoísmo y la maldad, se convierte en posible realización.

Consideramos que la paz no solo es la ausencia de conflictos. Convivir en paz consiste en aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer y apreciar a los demás, así como vivir de forma pacífica y unida.

Y también la paz, definida en sentido positivo, es un estado a nivel social o personal, en el cual se encuentra un equilibrio y estabilidad formando una unidad. También se refiere a la tranquilidad mental de una persona o sociedad.

Sabemos que la educación para la paz enseña a resolver los conflictos, ya que estos están presentes en forma permanente en la vida de las personas y de la sociedad como manifestación de la diversidad de intereses y pensamientos.

La convivencia pacífica que trae la paz, no solo busca prevenir los conflictos y evitar la violencia, sino también que cada una de las personas tengan predisposición para solucionar los problemas que se han hecho presentes, las relaciones interpersonales se logren restaurar, que se limen todas las asperezas y sobre todo que los daños causados por la violencia sean eliminados.

En definición clara, la paz en sentido negativo, es la ausencia de guerra, inquietud o violencia.

Nuestro papa Francisco, y digo nuestro porque es así, es nuestro guía y nos llena de esperanza a través de todos sus mensajes, que son claros y sencillos.

Ahora que se acerca la Semana Mayor deseamos, desde estos Renglones que Su Santidad, en franca recuperación, pueda encontrar esa paz que siempre ha promovido para el mundo.

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