Al mediodía de ayer se registró el fenómeno astronómico del Sol en el cenit, un evento que ocurre cuando el astro rey se encuentra justo en la vertical de un punto determinado de la Tierra, provocando que las sombras casi desaparezcan momentáneamente.
En Mérida, este fenómeno se presenta dos veces al año, en mayo y en julio, 28 días antes y después del solsticio de verano, que este año será el 21 de junio. De modo que el próximo será el 18 de julio.
Aunque es un evento singular, pasó inadvertido para la mayoría. Las personas continuaron su trayecto habitual por las calles, sin percatarse de que en ese momento ni ellas, ni los edificios, postes o letreros proyectaban sombra alguna.
Ayer, las nubes que presagiaban lluvia limitaron la visibilidad del fenómeno, pero en algunos instantes fue evidente la ausencia de sombras, salvo bajo árboles de ramas densas que, por su frondosidad, sí proyectaron ligeras penumbras.
Este efecto óptico se debe a la coincidencia entre la declinación del Sol y la latitud del lugar. Ayer, el Sol tuvo una declinación de 20°53′, y las coordenadas geográficas de Mérida son de 20°58′, por lo que el alineamiento fue casi perfecto.
El fenómeno del Sol en el cenit se observa en toda la franja comprendida entre los trópicos de Cáncer y de Capricornio, por lo que también ocurre en estados vecinos como Campeche y Quintana Roo, en fechas distintas.
El motivo por el cual se repite dos veces al año está relacionado con el movimiento aparente del Sol, que tras el equinoccio de primavera (20 de marzo) comienza su desplazamiento hacia el norte hasta alcanzar su punto más alto en el solsticio de verano. Posteriormente, retorna en dirección contraria, repitiendo así el alineamiento cenital.
Durante aproximadamente 20 minutos, el Sol se posiciona perpendicularmente sobre la superficie terrestre. En ese lapso, todo lo que se encuentra al aire libre casi carece de sombra.
Para los mayas, el Sol en el cenit tenía un significado especial. En el mes de julio, cuando coincidían los calendarios Tzolk’in y Haab —cada 52 años— se encendía el fuego nuevo, marcando un nuevo ciclo.
A pesar de su relevancia astronómica y cultural, el fenómeno de ayer fue observado solo por algunos estudiosos y curiosos atentos al cielo.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
