María de Alva en su más reciente visita a Mérida para presentar “Todo lo que no sabemos” en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey)
María de Alva en su más reciente visita a Mérida para presentar “Todo lo que no sabemos” en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey)

Quien ha leído a María de Alva sabrá que su estilo de narrar es fragmentado: distintas voces aportan hechos y perspectivas de la trama. Así es en “Lo que guarda el río” (2016), que ficciona sucesos recientes de la historia de Nuevo León a partir de las experiencias de una periodista, un estudiante de clase acomodada, un albañil y una madre buscadora.

También lo es “Un corazón extraviado” (2022), en que la biografía del poeta español Pedro Garfias —contada en primera, segunda y tercera personas— se alterna con el relato del tratamiento médico al que la autora se sometió para atender la dextrocardia: su corazón apuntaba hacia el lado derecho del tórax, en lugar del izquierdo, como es lo común.

En su más reciente obra, “Todo lo que no sabemos” (Hachette Literatura, 2024), De Alva multiplica la apuesta. No solamente recurre a varios personajes para desarrollar dos argumentos principales —la lucha de una mujer, Cristina, contra un cáncer de colon y las consecuencias de la muerte violenta del padre de la misma mujer, Antonio, en la década de 1970, presuntamente a manos de la Liga Comunista 23 de Septiembre—, sino que además la voz de algunos de ellos proviene de diferentes tiempos: la infancia, la adolescencia, la edad adulta.., y sus recuentos varían de forma: pasan del testimonio personal, la grabación de audio y la descripción del narrador omnipresente que en un momento se revela partícipe de los hechos al artículo periodístico, la síntesis de datos y el diálogo continuo.

Con estos recursos la autora regiomontana recupera acontecimientos que, aunque modificados con propósitos literarios, parten de realidades cercanas a ella: lo sucedido a la protagonista de la historia le pasó en verdad a una prima; tuvo un tío que también fue asesinado.

“Quería que fuera un texto híbrido en el que hubiera varias voces o miradas de lo que está ocurriendo”, explica De Alva al Diario sobre la construcción coral del libro, cuyo título alude a todo lo que sus protagonistas ignoran del pasado, pero también a lo que no saben de lo que les espera en el presente. “Los niños están tratando de investigar qué pasó, como suele haber cuando alguien muere por violencia”, dice.

Y no solo los hijos y primos, sino también los adultos, como el detective “que está armando las piezas del rompecabezas y hace conjeturas” sobre los responsables de la muerte del tío Antonio, atribuida al grupo guerrillero urbano que en la década de 1970 mató a los empresarios Eugenio Garza Sada, fundador del Instituto Tecnológico de Monterrey, y Fernando Aranguren, en Guadalajara, y secuestró un avión que volaba de Monterrey a Ciudad de México y al que obligó a desviarse a Cuba.

María traslada a la ficción la mudez real que en su infancia rodeó la pérdida de su tío. “Se convirtió en un sitio de mucho silencio, no podíamos preguntar, los adultos estaban tan conmocionados que no nos querían dar demasiada información. Siempre se trata de proteger a los niños, pero los niños son más inteligentes de lo que uno supone”, indica.

“Yo quería que en la novela fueran los niños los que, por fin, tuvieran su versión. La mayor parte del texto tiene que ver con esas relaciones de la infancia, en resonancia con el personaje adulto que tiene el diagnóstico de cáncer”.

Es la enfermedad de Cristina la que abre la puerta a la narración de los hechos de décadas atrás. “Enfrentarse a una enfermedad que puede ser catastrófica te enfrenta a otras muertes. Fue el catalizador para que se pudiera hablar del pasado”, apunta.

“Quería escribir de la incertidumbre que nos genera la violencia o la enfermedad. Vivimos en el siglo XXI y pensamos que hemos hecho muchas conquistas, pero enfrentados con estas realidades uno se da cuenta de su vulnerabilidad”.

El expediente policial del asesinato del tío de la escritora está perdido y el caso sigue sin resolverse. “Pero se me hacía más importante tratar el tema del duelo y del silencio, del tabú social. La verdad (sobre la muerte) es irrelevante”, señala.

“Esta familia perdió a un padre y eso es lo importante. Lo demás es interesante políticamente, pero el núcleo es el duelo”, subraya. “El duelo es muy complicado cuando hay violencia porque entran sentimientos de coraje, desesperación, falta de verdad, culpa también”.

Entre la violencia de los años 70 y la de 2025 María de Alva ve una diferencia en “el tipo de personajes”. “Los guerrilleros de la Liga Comunista 23 de Septiembre eran muchachos que se radicalizaron pero que en el fondo eran idealistas y, tras la represión gubernamental del (año 19)68 y del Halconazo en el (año 19)71, se radicalizaron porque creían que hacer una nueva revolución iba a sacar a México del partido de Estado. El origen de su violencia, si bien no se puede justificar, era muy diferente”.

“Por otra parte, estos guerrilleros también fueron muy reprimidos por el Estado mexicano, muchas veces en lugar de pasar por un juicio fueron secuestrados, desaparecidos de sus familias, torturados, algunos asesinados. Se volvió una persecución de Estado. Por eso es que esto es tan gris: por una parte hay delitos y por otra también son víctimas”.

“Si lo vemos a fondo, son muchas pérdidas, muchos duelos y muchas víctimas. Al único al que no se le movió un pelo fue al gobierno. El gobierno de esa época fue muy represor”.

Ahora que la escritora es adulta, ¿justifica los silencios que mantienen unida a una familia? “No estoy a favor de los silencios, pero entiendo de dónde vienen. El silencio es para no tener que lidiar con el dolor”, reconoce la escritora.

“De niña pensaba: si se murió el papá de mis primos, también se puede morir mi papá. Es muy duro para los niños entender una muerte de alguien joven. Yo por mucho tiempo sentí miedo de que me pasara lo mismo”.— Valentina Boeta Madera

De un vistazo

Nuevo libro

María de Alva está trabajando en una novela con el tema de la frontera, que podría ver la luz el próximo año.

Con calma

El del escritor “es un trabajo de tener esperanza y paciencia, porque no es algo rápido, se trata de tener aguante de muchas semanas y meses de estar escribiendo”.

Ser paciente

“Y luego, también, paciencia para la publicación. Si no tienes paciencia no va a salir”.

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