El próximo domingo celebraremos en México el Día del Padre. Una jornada que aunque no tiene el arraigo de celebración como el Día de la Madre, año con año va ganando mayor aceptación y la sociedad celebra a sus padres y abuelos.
En una catequesis del 19 de enero de 2022, el entonces papa Francisco expresaba de una manera profunda y auténtica la paternidad de san José como padre de la ternura.
Los Evangelios atestiguan que Jesús usó siempre la palabra “padre” para hablar de Dios y de su amor. Muchas parábolas tienen como protagonista la figura de un padre. Jesús nos muestra al Padre como Abbá, un padre cercano y tierno que quiere que sus hijos vivan en auténtica libertad para vivir como hijos de Dios.
San José, se nos muestra como un padre justo, obediente, trabajador y a la vez tierno con María, su esposa y su hijo Jesús. Jesús vio la ternura de Dios en José: “Como un padre siente ternura por sus hijos, así el Señor siente ternura por quienes lo temen” (Sal 103,13).
Entonces podemos preguntarnos si nosotros mismos hemos experimentado esta ternura, y si nos hemos convertido en testigos de ella. De hecho, la ternura no es en primer lugar una cuestión emotiva o sentimental: es la experiencia de sentirse amados y acogidos precisamente en nuestra pobreza y en nuestra miseria, y por tanto transformados por el amor de Dios.
La vida espiritual de José no nos muestra una vía que explica, sino una vía que acoge. Solo a partir de esta acogida, de esta reconciliación, podemos también intuir una historia más grande, un significado más profundo.
Parecen hacerse eco las ardientes palabras de Job que, ante la invitación de su esposa a rebelarse contra todo el mal que le sucedía, respondió: “Si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?” (Jb 2,10).
José no es un hombre que se resigna pasivamente. Es un protagonista valiente y fuerte. La acogida es un modo por el que se manifiesta en nuestra vida el don de la fortaleza que nos viene del Espíritu Santo. Solo el Señor puede darnos la fuerza para acoger la vida tal como es, para hacer sitio incluso a esa parte contradictoria, inesperada y decepcionante de la existencia.
Oremos siempre por todos los hombres que han recibido el don de la paternidad, para que sepan acoger el regalo de Dios con la ternura, pero también con el sentido de convicción y justicia de san José. Que todos los padres sean agradecidos por este don y a la vez, cumplan con la tarea de enseñar y educar a sus hijos en profundas convicciones religiosas y morales.— Presbítero Alejandro de J. Álvarez Gallegos, coordinador diocesano para la Pastoral de la salud, vida y adultos mayores
