Sobre estas líneas, el violinista argentino Marcelo Rebuffi en el concierto de la OSY. A la izquierda, Martín Fraile, director huésped
Sobre estas líneas, el violinista argentino Marcelo Rebuffi en el concierto de la OSY. A la izquierda, Martín Fraile, director huésped
  • Sobre estas líneas, el violinista argentino Marcelo Rebuffi en el concierto de la OSY. A la izquierda, Martín Fraile, director huésped
  • 13 junio 2025ImagenSolista invitado Marcelo Rebuffi.Sofía Vital

La Sala de Conciertos del Palacio de la Música vivió una verdadera celebración sinfónica.

La OSY ofreció su décimo tercer concierto de temporada en una noche cargada de emotividad, estreno mundial y entrega absoluta guiada por el talento de tres músicos argentinos que dejaron huella en el público yucateco; el director huésped Martin Fraile Milstein, el compositor Mauricio Charbonnier y el violinista y compositor Marcelo Rebuffi.

Desde los primeros compases de “Preludio lejanía”, breve pero profundo, el concierto prometía una velada distinta. En apenas cuatro minutos, la obra de Charbonnier pintó una atmósfera de nostalgia y esperanza que preparó el terreno para un momento histórico: el estreno mundial del poema sinfónico “Sobre los cristales del mundo”, también del compositor argentino.

Por primera vez, Charbonnier escuchaba su creación interpretada por una orquesta y lo hizo nada menos que en Yucatán.

Siete minutos de fantasía sonora bastaron para arrancar una ovación cerrada y un instante inolvidable: el autor emergiendo entre el público para recibir una lluvia de aplausos que selló con emoción una página nueva en la historia musical del estado.

Siguió la Suite de Ballet “Estancias”, de Alberto Ginastera, que permitió a Fraile Milstein desplegar la conexión lograda con la OSY, una conjunción de talentos que vibró al compás de ritmos folklóricos y danzas llenas de energía, teñidas de acentos latinoamericanos que fueron coreografiados con precisión por la batuta del director.

Luego del intermedio, el repertorio giró hacia el universo del inolvidable Astor Piazzolla, iniciando con “Tangazzo”, pieza que creció poco a poco hasta alegrar el corazón de los presentes.

Pero fue la interpretación de “Las cuatro estaciones porteñas” la que marcó uno de los momentos más intensos de la noche.

Marcelo Rebuffi, con una entrega absoluta, hizo cantar a su violín con alma propia. En una suerte de diálogo entre solista y orquesta, cada movimiento de su cuerpo acompañaba las frases musicales con tanta expresión que el público no tardó en estremecerse.

Al finalizar, entre vítores y una ovación, Rebuffi recibió flores de parte de la orquesta y un abrazo fraterno del director de la orquesta.

El concierto cerró con la profunda melancolía de “Adiós Nonino”, interpretada con una emoción contenida que se desbordó en los aplausos finales.

Visiblemente conmovido, Fraile Milstein regresó al podio para regalar al público un encore inolvidable, “Libertango”, la emblemática pieza de Piazzolla, como cierre triunfal de una noche que, sin la intención de exagerar, fue mágica.

Así, Yucatán fue sede de un estreno mundial en la música, y testigo de una noche que celebró el poder de la música para unir culturas, tocar fibras profundas y dejar un recuerdo imborrable en todos los que tuvieron el privilegio de estar ahí.— Darinka Ruiz Morimoto

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