MÁLAGA (EFE).— El ayuno intermitente en días alternos no solo reduce la grasa corporal sino que también mejora de forma significativa la memoria, la atención y el control inhibitorio en adultos con obesidad a través de la comunicación del eje intestino-cerebro, según estudio del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga (Ibima Plataforma Bionand).
La investigación allana el camino hacia una “nutrición de precisión para el cerebro” y sitúa al ayuno intermitente como una estrategia asequible y eficaz para proteger ese órgano y al cuerpo.
El sobrepeso y la obesidad son un problema de salud pública en todo el mundo y se asocian con enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo 2 y la hipertensión, y a un deterioro cognitivo más precoz y acusado.
Aunque el ayuno intermitente ha sido constante en la evolución de los homínidos —solo hace un corto espacio de tiempo que el ser humano se alimenta continuamente—, ahora la comunidad científica analiza si tiene valor añadido para la salud.
Diversos estudios han vinculado la inflamación crónica y las alteraciones de la microbiota intestinal con un peor rendimiento en tareas de memoria y atención.
En el estudio de tres meses, 96 adultos con obesidad fueron asignados de forma aleatoria a tres grupos de dieta hipocalórica: mediterránea equilibrada, cetogénica (alta en grasas y baja en carbohidratos) y ayuno intermitente en días alternos (un día de ingesta habitual y otro con ingesta muy reducida, de menos del 25% de las calorías acostumbradas).
Aunque las dietas produjeron pérdidas de peso comparables (una reducción promedio del 7% del peso corporal inicial), el grupo de ayuno intermitente fue el que mostró mayor rendimiento cognitivo en las pruebas al compararlo con las otras.
Además, los niveles de marcadores de inflamación sistémica disminuyeron significativamente, lo que sugiere un potente efecto antiinflamatorio añadido a la mera pérdida de grasa.
En cuanto a la microbiota, el ayuno intermitente reconfiguró la comunidad bacteriana: disminuyeron géneros relacionados con respuestas inflamatorias crónicas y neurotoxicidad, mientras que aumentaron géneros productores de ácidos grasos de cadena corta (como butirato), conocidos por fortalecer la barrera intestinal y modular la actividad de las microglías cerebrales.
Estos hallazgos “rompen con la visión tradicional de que solo importan las calorías”, puesto que “la misma pérdida de peso puede tener repercusión sobre la salud en función de la estrategia utilizada para conseguirlo”, explicó Francisco J. Tinahones, líder del estudio junto con Virginia Mela e Isabel Moreno-Indias.
Mela señaló que el patrón de ingesta basado en el ayuno intermitente, al remodelar la comunidad microbiana, “produce señales químicas que viajan por el eje intestino-cerebro y regulan directamente la función de las células inmunitarias en el cerebro”.
El ayuno intermitente en días alternos es “una estrategia asequible y culturalmente adaptable: no exige suplementos ni alimentos exóticos, solo alternar jornadas de ingesta normal con días con ayuno o ingestas muy reducidas”, destacó Moreno-Indias.
Publicado en la revista “Gut”, el trabajo sienta las bases para ensayos clínicos más amplios que evalúen el impacto del ayuno intermitente en poblaciones de mayor riesgo neurodegenerativo, como personas con prediabetes, síndrome metabólico y edad avanzada.
De un vistazo
El ayuno intermitente
En el estudio se vio que esta dieta reconfiguró la microbiota: disminuyeron géneros relacionados con respuestas inflamatorias crónicas y neurotoxicidad, y aumentaron los productores de ácidos grasos de cadena corta, conocidos por fortalecer la barrera intestinal.
