Itzel Martinez Arellano durante la charla “Sonido, espacio y memoria: La antropología de la escucha”, anteanoche en el Palacio Cantón
Itzel Martinez Arellano durante la charla “Sonido, espacio y memoria: La antropología de la escucha”, anteanoche en el Palacio Cantón

En el marco de las actividades de la exposición “Fisuras del sonido”, la antropóloga Itzel Martínez Arellano ofreció anteayer la conferencia “Sonido, espacio y memoria: La antropología de la escucha”, en el Museo Palacio Cantón.

Durante la charla propuso un ejercicio denominado “Anamnesis”, que consiste en escuchar sonidos que evocan recuerdos, en este caso los propios del entorno yucateco. “Hay sonidos diarios en Yucatán que quizá no notamos, pero que evocan un amanecer”, aseguró.

La investigadora explicó que el estudio del sonido no es exclusivo de la antropología, sino que también abarca otras disciplinas, como la comunicación, la musicología, la acústica, la arquitectura y el urbanismo.

Mencionó a Steven Feld como pionero en el análisis del sonido desde una perspectiva cultural, al asociar el canto de las aves con significados simbólicos.

A partir de estas ideas surgió la llamada escuela aural, influenciada por Ana María Ochoa, que propone pensar el espacio como si fuese una construcción sonora colectiva, mediada también por la tecnología.

Martínez abordó el concepto de inscripción sonora, entendido como cualquier tecnología que deja una huella auditiva: desde una grabación hasta una canción digitalizada. Un ejemplo es el Palacio de la Música, donde la canción “Esta tarde vi llover”, de Armando Manzanero, fue incorporada en formato midi a la arquitectura del edificio, en un diálogo con la narrativa de interactividad y la digitalización del espacio.

Espacio social

Otro eje de la conferencia fue la teoría del espacio social, en la cual el espacio no es solo un escenario físico, sino el resultado de relaciones humanas. Según esta idea, existe un espacio concebido (el planeado por arquitectos), uno vivido (relacionado con emociones y prácticas) y uno percibido (el que se experimenta sensorialmente).

La antropóloga también habló sobre la memoria sonora, que no es estática ni lineal, sino dinámica y en constante negociación. Como ejemplo, se refirió al hijo de un pescador en Chelem que desde pequeño aprende a reconocer los sonidos del mar y del amanecer, y sabe cuándo es el momento ideal para salir a pescar.

“El amanecer es de los pájaros y el anochecer de los pescadores”, expresó.

Finalmente, subrayó que no todas las personas escuchan de la misma forma: un biólogo, un ingeniero de audio, un antropólogo, un campesino o un pescador interpretan el sonido desde su experiencia y entorno.

Por esa razón, más que estudiar el sonido como un fenómeno aislado, es importante reflexionar sobre cómo lo escuchamos, qué memorias activa y espacios construye. “Cuando no existe un lugar, se pierde la memoria sonora”, concluyó.— Karla Acosta Castillo

Los sonidos de Yucatán Más detalles

El paisaje sonoro del Estado está lleno de elementos cotidianos y memorables.

Experiencia sensorial

Además de formar parte de la vida diaria, los sonidos construyen identidad y memoria. El canto de las aves, como el k’aw, y el trote de los caballos de las calesas son tan solo algunos ejemplos de los sonidos que definen la experiencia sensorial del Estado.

La exposición

“Fisuras del sonido” permanecerá abierta hasta el último domingo de julio, con visitas guiadas a cargo de la expositora Itzel Martínez Arellano. El Museo Palacio Cantón abre de martes a domingo, de 8 a.m. a 5 p.m., y la entrada general tiene precio de $100.

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