El doctor Jorge Victoria Ojeda, en un momento de la conferencia “Historias en torno a la desaparecida iglesia meridana Jesús María”
El doctor Jorge Victoria Ojeda, en un momento de la conferencia “Historias en torno a la desaparecida iglesia meridana Jesús María”

Mérida está llena de edificios emblemáticos que forman parte de la vida del día a día: iglesias, parques, centros culturales… Algunos han sobrevivido al tiempo. Otros, como la desaparecida iglesia de Jesús María, se desvanecieron por completo.

Así lo explicó ayer por la mañana, en la Biblioteca Yucatanense, el doctor Jorge Victoria Ojeda, en la conferencia “Historias en torno a la desaparecida iglesia meridana Jesús María”, como parte del ciclo de conferencias “Arquitectura del pasado: lo material desvanecido” en ese recinto.

El solar donde se instaló esta iglesia, ubicada en la calle 59 del centro histórico de la ciudad, pasó por diversos cambios hasta convertirse en lo que es hoy: un estacionamiento.

En la época prehispánica, el solar se encontraba ocupado por los indígenas de la región. Esto se deduce por la presencia maya en el área.

El doctor Victoria Ojeda explicó que para 1668, mientras transcurría el período colonial, el solar se había convertido en espacio religioso ligado a poblaciones afrodescendientes, que se reunían en la iglesia del Santo Nombre de Jesús.

Más tarde pasó a ser ocupado por la Tercera Orden, lo que hizo que fuera conocido también como capilla del Rosario y, más adelante, como la iglesia Jesús María.

En 1806 ya se le conocía como capilla del Rosario, aunque en los registros eclesiásticos aparecía con funciones y objetos religiosos poco claros, como una lápida que llevaba la palabra “Real” inscrita y que fue concedida por el gobernador de ese entonces, Benito Pérez.

A lo largo del tiempo, distintos documentos dieron cuenta de los cambios en su denominación.

Cambios en la historia

Se habla de un traslado desde San Juan Bautista de una joya donada por una devota y del uso del nombre Jesús María desde la primera década del siglo XIX.

Durante la Guerra de Castas, muchas iglesias fueron saqueadas. Algunos objetos sagrados se dispersaron; otros más fueron protegidos por comunidades, como la de Santa Cruz.

Años más tarde, durante la Cuaresma de 1874, comenzaron los trabajos para restaurar el templo, pero no fue sino en 1907 que se celebró una reinauguración formal, con frescos, altares de madera y pinturas murales. Para entonces, el edificio ya albergaba a Nuestra Señora de Yucatán o Nuestra Señora de Lourdes.

Con la Revolución vino un nuevo giro. La iglesia fue entregada por el general Salvador Alvarado a una logia masónica para la construcción de un templo masón que modificó la fachada y reconfiguró el espacio para sus propios fines simbólicos. Como dato adicional, la puerta de este templo se conserva en el Palacio Municipal.

En la década de 1940, el gobierno de la ciudad decidió expropiar el terreno para construir el Teatro Municipal de Mérida, con la condición de que no se usara para espectáculos comerciales. Al final se demolió y el teatro no se construyó.

Finalmente, el predio fue privatizado, convirtiéndose en estacionamiento, lo que es hasta la fecha.

“Este solar ha pasado por transformaciones a lo largo de los siglos. Desde los mayas, pasando por los africanos, los religiosos, los masones y los gobiernos modernos, hasta su destrucción para convertirse en un estacionamiento. Y aun así, ahí sigue”.