Museo de la Momias de Guanajuato. Muchos visitantes acuden atraídos por el morbo y no tanto por la historia
Museo de la Momias de Guanajuato. Muchos visitantes acuden atraídos por el morbo y no tanto por la historia

¿Qué tienen en común la prisión de Alcatraz, el Museo de las Momias de Guanajuato y el pueblo fantasma de Misnebalam, en Yucatán? Que son lugares asociados al crimen, a la muerte y a lo sobrenatural, tres elementos que fascinan a muchas personas.

Si yo le dijera que algunos prefieren visitar el campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau, el hotel Cecil de Los Ángeles o la zona de exclusión del desastre nuclear de Chernóbil, Ucrania, que asolearse en una paradisíaca playa del Caribe, admirar los frescos de la Capilla Sixtina o recorrer los glaciares de la Patagonia argentina, ¿qué pensaría?

Tal vez crea que ese recorrido nocturno por el cementerio de su ciudad es lo más “dark” que haría en su vida. Se sorprendería de los lugares que muchas personas visitan para satisfacer su morbo, curiosidad o simplemente por buscar experiencias diferentes.

Así como el turismo de aventura y el turismo cultural tienen su propio nicho, el llamado turismo negro también. Denominado turismo oscuro o tanatoturismo, es una forma de viaje que lleva a las personas a lugares históricamente asociados con tragedias, muerte o fenómenos sobrenaturales.

Este tipo de turismo ha crecido en popularidad en la era digital, especialmente tras la aparición del documental “Dark Tourist” (2018), dirigido por el periodista neozelandés David Farrier (disponible en Netflix).

El turismo negro no solo explora el lado oscuro del mundo, sino también el del ser humano. A través del lente de David Farrier, este viaje nos confronta con nuestras propias contradicciones: buscamos lo prohibido, pero también lo humano que hay en la tragedia.

En esta serie de ocho capítulos, Farrier explora desde zonas radiactivas hasta rituales extremos y pueblos marcados por el horror, preguntándose: ¿por qué nos atrae tanto lo macabro?

En Latinoamérica, Farrier viaja a Colombia para conocer la ruta de Pablo Escobar. Ahí se entrevista con Popeye, sicario y mano derecha del narcotraficante, quien tras su liberación se convirtió en figura de culto. Popeye asesinó a su propia novia por órdenes de Escobar, ya que ella pensaba entregarlo a la CIA, algo que a él no le remuerde mucho la conciencia.

El “tour de Pablo Escobar” genera miles de dólares anuales en Medellín, a pesar del rechazo de muchas víctimas.

En México, el periodista participa en una ceremonia de adoración a la Santa Muerte en Tepito, y presencia rituales que mezclan devoción y riesgo (un exorcismo en un templo poco ortodoxo).

El capítulo dedicado a Japón se centra en Fukushima, zona aún marcada por el desastre nuclear de 2011. Farrier se infiltra en la zona de exclusión acompañado de un guía local que lo lleva a ver relojes parados en la hora exacta del accidente.

Luego visita Aokigahara, el “bosque de los suicidios”, donde se enfrenta al ambiente tétrico de uno de los lugares más perturbadores del mundo.

Anécdota: el guía le pide no salirse del camino. Aun así, encuentran pertenencias abandonadas bajo los árboles.

En Estados Unidos, el periodista se une a un simulacro de cruce de frontera en Texas, que recrea la experiencia de migrantes ilegales con actores, perros y armas de salva. También visita a adoradores de vampiros en Nueva Orleans.

En Kazajistán visita uno de los destinos más desolados del mundo: el polígono de Semipalatinsk, donde la Unión Soviética realizó más de 400 pruebas nucleares. Farrier recorre cráteres y pueblos aún afectados por la radiación.

Dato curioso: algunas agencias ofrecen excursiones “atómicas” que siguen estrictas medidas sanitarias.

En Europa del Este se retrata el culto a Vlad el Empalador (Drácula) en Rumania, y un inquietante recorrido por un búnker de la Guerra Fría en Bosnia.

En Lituania, Farrier experimenta una recreación de interrogatorio de la KGB, incluyendo gritos, empujones y celdas.

En Kenia, África, Farrier se une a un safari extremo para ver animales peligrosos y, en Sudáfrica, presencia una “escuela de supervivencia blanca”, donde se enseña a personas blancas a “defenderse de una guerra racial” que nunca ocurrió.

Este episodio evidencia cómo el miedo y el racismo pueden camuflarse de “aventura”.

En el Sudeste Asiático Farrier visita Filipinas para participar en una crucifixión real durante Semana Santa, donde los fieles son clavados en cruces por devoción. También explora rituales de exorcismo en Indonesia. Farrier termina sangrando y con fiebre después de un ritual espiritual.

De vuelta en Estados Unidos, al final del documental, cierra con una visita a Milwaukee, siguiendo los pasos de Jeffrey Dahmer. Farrier toma un tour guiado por los lugares donde actuó el asesino serial. También asiste a un festival zombi en una ciudad de Pensilvania.

Esta serie documental es una muestra de que el morbo puede ser una puerta a la empatía, o una forma de explotación. La diferencia está en cómo miramos.

Otros destinos de turismo negro que atraen a cientos de personas son Chernóbil, Ucrania, donde hay una zona de exclusión del desastre nuclear ocurrido en 1986; el campo de concentración nazi de Auschwitz-Birkenau; los museos de la bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, en Japón, y la Zona Cero de Nueva York, memorial de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

También, las Catacumbas de París, pasadizos subterráneos con millones de huesos; Pompeya, Italia, ciudad romana enterrada por la erupción del Vesubio; Pripyat, Ucrania, ciudad fantasma junto a Chernóbil.

El Hotel Cecil de Los Ángeles es famoso por crímenes y desapariciones, y el Museo de la Muerte, también en California, incluye exhibiciones sobre asesinatos, funerales y más, entre otros ejemplos.

En Yucatán, el turismo oscuro se centra principalmente en las zonas arqueológicas y en algunos lugares con historias o leyendas trágicas, como el pueblo fantasma de Misnebalam. También se puede considerar dentro de esta categoría la exploración de cenotes, algunos vinculados con sacrificios mayas.

Una travesía a los destinos más oscuros del planeta nos hace preguntarnos si estamos ante entretenimiento o insensibilidad. El turismo negro a veces pone en duda nuestros límites éticos.— Patricia Eugenia Garma Montes de Oca

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán