Una orquesta fuera de lo común, que remarca los sonidos cotidianos que se pueden percibir en lugares como los gimnasios y que a veces pasan inadvertidos pero que forman parte del espacio, es la que dirigió Max Castañón como parte del programa “Noche de artes vivas”.
“Orquesta de cuerdas” es el nombre del perfomance que Castañón presentó anteanoche en el Teatro Armando Manzanero junto con un grupo de boxeadores.
La escena reunió a 12 pugilistas acomodados en una media luna, con cuerdas de saltar en las manos y a Max Castañón enmedio dirigiendo con la batuta a la “orquesta” que saltaba mientras se musicalizaba el entrenamiento típico de los gimnasios de boxeo.
En los tres minutos que duró el performance, el director de la orquesta —que también referenciaba a un entrenador— fue guiando a los boxeadores como si se tratara de músicos.
En camerinos, Max Castañón explicó al Diario que esta pieza performática, que partió de su línea de investigación centrada en la educación patriarcal en México, se enfoca en el boxeo, que desde joven ha formado parte de su vida.
La conexión emocional con el pugilismo proviene de su práctica desde la infancia y el cariño que su abuelo sentía por esta disciplina. Esta perspectiva alimentó su interés por explorar más allá de su imagen violenta, destacando su valor cultural y comunitario. “Los deportes de contacto son más que solo violencia”, aseguró.
La investigación duró cuatro años y la pieza que se recreó anteanoche es el resultado de la evolución de una previa llamada “Melodía de cuerdas”, que presentó en su estado natal, Chiapas.
Esa obra fue ganadora del Premio Nacional de Arte Joven, lo que permitió dar impulso a su más reciente performance, que creó con un formato mayor.
Colectivo
Castañón se adentró en la cultura del boxeo en Mérida, que, señaló, tiene una comunidad unida. Esto le llevó a crear lazos con otros boxeadores, invitarlos a participar y trabajar con ellos en un formato colectivo.
“Todo se explicó desde un lenguaje deportivo, como si fuera una serie de ejercicios y los boxeadores lo agarraron a la primera”.
La experiencia de escuchar y observar los entrenamientos lo hizo conceptualizar su trabajo como una “orquesta de cuerdas”, que utiliza el salto como una base sonora y visual.
Próximamente Castañón presentará la escultura “Me entró sudor al ojo”. Se trata de una pera de box transparente llena de sudor recolectado en gimnasios y que está pensada como un trabajo estético.
Por último, invita a los jóvenes creadores a atreverse a hacer cosas diferentes, preguntar, armar colectivos y demás acciones que le den visibilidad al arte.
“Está chido hacer cosas que crees que no se pueden cumplir”, concluyó.— KARLA ACOSTA CASTILLO
