MADRID (EFE) – Lo que alguna vez fue considerado un refugio precario de familias humildes en España, hoy se ha transformado en una de las opciones más buscadas por turistas y compradores de vivienda: las llamadas casas cueva.
Excavadas en roca o en cerros de arenisca, estas viviendas tienen siglos de historia. “Las casas cueva sirvieron desde la Edad Media como vivienda, refugio y escondite”, señalan especialistas. Sin embargo, en el siglo XX la mayoría quedaron abandonadas o en ruinas.
Vuelven a usarse
En la actualidad, la demanda turística y el encarecimiento de la vivienda en España han devuelto protagonismo a estas singulares construcciones. “Lo que en origen era el hogar de familias humildes, se ha convertido hoy en un alojamiento sostenible exclusivo y muy codiciado”, asegura la Asociación Andaluza de Cuevas Turísticas. Granada y Almería concentran buena parte de estas casas, aunque también se hallan en Alicante, La Rioja, Castilla-La Mancha y las islas Canarias. “No busques dos casas cueva iguales, porque no las vas a encontrar”, presume la Asociación, que promueve el llamado Territorio Cueva.
En los barrios granadinos del Albaicín y el Sacromonte se registra la mayor concentración de viviendas excavadas en la roca. Muchas de ellas dejaron de ser hogares y se convirtieron en restaurantes, tiendas de recuerdos o tablaos flamencos. “Algunas funcionan como museos informales de lo que era la vida en estas casas a principios del siglo XX”, comenta un guía local.
Altos costos
Vivir en una cueva, sin embargo, no resulta económico. Según datos de la inmobiliaria Idealista, “una vivienda de apenas 25 metros cuadrados puede alcanzar los 125 mil euros (135,000 dólares), es decir, unos cinco mil euros por metro cuadrado”. En Guadix, otro referente andaluz, el barrio de las cuevas es tan grande que supera al propio casco histórico. Muchas cuevas siguen habitadas como residencias familiares. “Por eso su valor en el mercado no es tan alto”, explican inmobiliarias.
En contraste, en localidades pequeñas como Gorafe, donde las cuevas son menos numerosas, los precios tienden a dispararse.
“El alza responde a varios factores: la crisis de vivienda en España, la escalada de precios y la creciente demanda turística”, explica Juan de Dios Sánchez, de Inmocasa.
La inversión es considerable: “Una cueva de 40 metros sin acondicionar cuesta unos 40 mil euros, pero tras reformas puede alcanzar hasta 300 mil euros”, indica Sánchez. Las mejoras suelen incluir ampliación de espacio, instalación eléctrica y tuberías modernas.
Además, muchos propietarios ven en ellas una oportunidad de negocio.
“El alquiler vacacional deja buena rentabilidad, sobre todo si se añaden comodidades como jacuzzi o piscina”, señala un empresario de la zona. Una noche en el Sacromonte cuesta más de 100 euros, mientras que una semana en Guadix puede llegar a los mil.
Más allá de la moda, también destacan por su sostenibilidad. “Las casas cueva mantienen una temperatura constante de entre 18 y 20 grados durante todo el año y ofrecen un aislamiento acústico notable”, informa la Asociación Andaluza.
Ese equilibrio entre tradición y modernidad ha impulsado su auge.
“Son una seña de identidad y un reflejo vivo de nuestra historia”, afirman promotores turísticos.
Aunque no se sabe quién fue el primer “picaor”, como se conoce a quienes excavaban estas casas hace más de 500 años, lo cierto es que hoy representan un símbolo cultural que mezcla tanto raíces populares como el atractivo turístico.
El regreso de las cuevas como vivienda y alojamiento confirma cómo los espacios antiguos pueden reinventarse. “Lo que fue signo de pobreza, hoy es un lujo con mucho futuro”, resume un vecino de Guadix, convencido de que las casas cueva seguirán marcando tendencia. Este fenómeno en España también resuena en otras partes del mundo, donde las viviendas tradicionales que antes se consideraban humildes hoy son revalorizadas como patrimonio cultural y opciones sostenibles de vida.



