Las costumbres cambian, evolucionan. De un tiempo a esta parte advierto que mientras uno está hablando otro lo interrumpe sin ningún reparo. Esta es una muestra de incivilidad. Es imposible mantener un diálogo con quien está interrumpiendo permanentemente, creando un ambiente que niega la naturaleza humana.
Pero cuentan que Churchill solía decir: “Quiere dejar de interrumpirme mientras yo lo estoy interrumpiendo”. Claro, Churchill era terrible en ese sentido. Quizás en este caso se verá mal quien diga “permíteme, por favor”. Esa sería una muestra de descortesía.
Un caso similar es el de los meseros que sin ningún cuidado interrumpen una conversación y se lanzan con algún breve pregón de la carta. Cuando yo les he pedido un minuto mis hijos protestan porque ven mi proceder descortés.
En el mismo tenor noto cómo en los pasillos de las plazas comerciales la gente se deja ir como bólidos, se ha perdido la mínima gentileza de ceder el paso. Recuerdo que mi abuelo cuando cedía el paso o dejaba el lugar para una señora solía decir: “Tenga usted la bondad”.
Me atrevo a pensar que estos dos procederes provienen de una idea imperante en nuestra sociedad: el éxito. El hombre contemporáneo vive encadenado a una idea difusa del éxito. Esta idea se vuelve atroz cuando se cree que obtiene éxito quien se impone, quien atropella sin reparos.
Otra costumbre nueva la percibo en pasajes como este: las mujeres, sin respeto a su propio cuerpo, atraviesan las filas sin guardar ninguna distancia, sin evadir el roce de su frente y de la retaguardia. Antes esto era impensable.
Las mujeres se detenían el vestido en el pecho para evitar exposiciones indiscretas. Hoy en día parece que se persigue presentaciones en sociedad.
Hablar del lenguaje de los jóvenes es ocioso. Sus alusiones sexuales son de una vulgaridad asombrosa.
Estas costumbres son consecuencia del envilecimiento del cuerpo y la degradación del erotismo, dos características que disminuyen nuestro tiempo, lo empobrecen.
Por circunstancias de este tipo es que los avances logrados en otros campos no hacen mejor nuestra época.
Cronista de la ciudad.
