Los servidores del altar, conocidos como monaguillos, son niños, adolescentes y jóvenes que colaboran con los sacerdotes durante las ceremonias litúrgicas y en diversas actividades pastorales, tanto dentro como fuera de las iglesias.
Tradicionalmente, este servicio ha sido desempeñado por varones, algunos de los cuales acumulan varios años en esta labor. Sin embargo, en tiempos recientes también se ha abierto la posibilidad de que niñas formen parte de este ministerio, con el mismo proceso de preparación para llevar los ornamentos distintivos.
De acuerdo con Roque Esteban Cocom Cocom, coordinador diocesano de la Pastoral de Monaguillos, se calcula que en la Arquidiócesis de Yucatán hay alrededor de 1,300 monaguillos, de los cuales unos 50 son mujeres. Estas últimas participan únicamente en iglesias de Mérida, sin que hasta el momento se tenga registro de su presencia en comunidades del interior del Estado.
Algunas parroquias que cuentan con monaguillas son la de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, ubicada en el fraccionamiento Francisco de Montejo, y la rectoría del Sagrado Corazón de Jesús, situada sobre la avenida Itzaes, junto al local de la Cámara de Comercio.
Cocom recordó que la figura del monaguillo nació como respuesta a la falta de acólitos instituidos. El acólito, explicó, es una persona instituida formalmente por la Iglesia para asistir al altar, mientras que el monaguillo es un laico que asume esas funciones de apoyo.
Por ejemplo, los seminaristas reciben en algún momento de su formación la institución como acólitos.
El monaguillo ayuda al sacerdote durante la celebración eucarística, llevando los utensilios litúrgicos, acompañando en procesiones y desempeñando funciones como portar el cirial, la naveta, el turíbulo, la cruz alta y el libro litúrgico. También colabora llevando objetos como purificadores, el corporal y todo lo necesario para la liturgia.
Para realizar este servicio se requiere formación. El término monaguillo proviene del latín monachus —pequeño monje—, en referencia a la vestimenta que se utiliza como parte de la liturgia.
Los monaguillos representan al pueblo cristiano en su colaboración con el sacerdote, indicó el coordinador.
En cuanto a la indumentaria, se utilizan principalmente túnicas de colores como rojo, azul, blanco, negro o café, aunque el más característico ha sido el rojo acompañado de un roquete blanco.
Preparación
El coordinador diocesano detalló que en la mayoría de las comunidades existe un equipo formador en comunicación con la Pastoral de Monaguillos al que se le envían materiales y archivos con los contenidos de preparación, ya que cada elemento tiene un significado particular.
Para ser monaguillo se debe estar cursando al menos el quinto grado de primaria y el servicio se puede extender hasta aproximadamente los 25 años. Según explicó Roque Esteban Cocom, tras un año de preparación los aspirantes se convierten en monaguillos menores, y con el tiempo pueden llegar a ser monaguillos mayores.
Cocom destacó que este grupo constituye una cantera vocacional para el sacerdocio. Aunque históricamente estuvo conformado por varones, en los últimos tiempos se ha abierto la posibilidad de serlo a las mujeres, que también son llamadas a servir en el altar.
El próximo sábado 20 de este mes se celebrará en la Catedral de Mérida el jubileo de monaguillos y animadores de la Pastoral Vocacional.— CLAUDIA SIERRA MEDINA
Ayudantes Detalles
Se calcula que en la Arquidiócesis de Yucatán hay unos 1,300 monaguillos.
Son bien recibidas
Roque Esteban Cocom Cocom, coordinador diocesano de la Pastoral de Monaguillos, dio a conocer que en algunos templos hay niñas monaguillas. “Quieren estar frente a Jesús Eucaristía y no se les dice que no, porque este servicio ayuda a cultivar la fe y puede orientar hacia diversas vocaciones, ya sea al sacerdocio, la vida consagrada o la vida matrimonial”, afirmó.
Iglesia inclusiva
Subrayó que lo “importante es no negarles este espacio, permitirles crecer en la fe y ser partícipes de un servicio que, aunque tradicionalmente era de varones, hoy se abre a todos, como expresión de una Iglesia inclusiva”.
