ÁMSTERDAM (EFE).— Herida, restaurada y aún en pie: “La ronda de noche” de Rembrandt, símbolo nacional de Países Bajos, recibió hace medio siglo doce cuchilladas en uno de los ataques más graves de su historia.
Hoy, la obra maestra vuelve a estar rodeada de andamios y focos en el Rijksmuseum, que intenta cerrar todavía las heridas de aquel violento episodio.
El 14 de septiembre de 1975, un hombre irrumpió en la galería de honor del museo con un cuchillo de mesa y lo hundió repetidamente en el cuadro: doce cortes atravesaron el barniz, las capas de pintura, el lienzo original e incluso la tela de refuerzo añadida después de la Segunda Guerra Mundial.
“Debió de usar muchísima fuerza, y lo hizo muy rápido porque los guardias lo atraparon enseguida, pero aun así logró hacer mucho daño”, recuerda Esther van Duijn, conservadora del Rijksmuseum y quien en la actualidad trabaja en la restauración de “La ronda de noche”.
La pintura de 337 kilos y cuatro siglos de vida, también conocida como “La guardia nocturna”, mide 379.5 centímetros de alto por 453.5 de ancho.
El ataque obligó a una restauración de urgencia que duró diez meses y consiguió reducir las cicatrices a líneas finas. Los bordes desgarrados de cada corte fueron alineados, se rellenaron las pérdidas y se repintaron las zonas dañadas, pero, con el tiempo, los retoques se hicieron visibles: brillan más que la pintura original y revelan cicatrices finas que aún recorren la superficie.
“Por eso hoy estamos retirando los repintes y los rellenos para rehacerlos con materiales que no se decoloren. Queremos que el daño no vuelva a imponerse a la pintura”, explica.
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El ataque de 1975 no es el único que ha experimentado “La ronda de noche”.
Otros casos
En 1911, un visitante arañó el cuadro con un cuchillo de zapatero; entonces, el barniz absorbió la mayor parte del impacto. En 1990 otro hombre arrojó ácido a la tela, aunque el ataque se contuvo a tiempo y solo afectó al barniz.
