La Protección de la Joven cumple 75 años y estamos de fiesta. Hoy, más que solo decir felicidades, queremos decir ¡GRACIAS!, sí, así con mayúsculas. Gracias, Protección de la Joven, por abrirnos las puertas y acogernos como a hijas queridas.
Gracias por brindar a nuestros padres la tranquilidad de sabernos cuidadas aun estando lejos de casa. Gracias porque el techo que nos protegió y la comida que nos alimentó fueron elemento indispensable en nuestro proceso de “aprender a pescar nuestros propios peces”. Gracias, Protección de la Joven, porque nos ayudaste a alcanzar nuestros sueños de convertirnos en médicas, maestras, contadoras y abogadas, entre muchas otras profesiones.
Gracias porque en la hermosa convivencia con sesenta muchachas de distintos lugares del país y de distintas costumbres aprendimos la diversidad y la tolerancia.
Gracias porque lo que aquí vivimos y aprendimos nos ha servido en nuestra vida familiar y profesional.
Gracias por la maravillosa oportunidad de la misa diaria, que fortaleció nuestra fe e iluminó nuestros pasos.
Gracias por la presencia, el cariño y la ayuda de personas inolvidables como el P. Fernando Ávila Álvarez y doña Isolina Molina, cuyas figuras permanecen en la memoria y el corazón.
El P. Ávila fue para nosotras abuelo, guía y mentor y doña Isolina se convirtió en mediadora, amiga y benefactora.
Gracias a doña Eva Loyo, directora en turno, de quien recibimos muchos buenos regaños, aunque no todos justificados. Gracias, Protección de la Joven, porque aunque han pasado muchos años podemos llegar y sentir que estamos en casa.
Gracias, Protección de la Joven, porque hoy en tus 75 años nos convocas para festejar contigo este maravilloso aniversario.
