• Custodios con la venerada imagen del Cristo Negro
  • Sobre estas líneas, el presbítero Juan Pablo Moo Garrido, rector de la Catedral; el obispo Pedro Mena Díaz y el diácono Fernando Bermejo Salmerón encabezan la procesión; a la izquierda, el obispo observa el trabajo en equipo de los custodios para transportar al Cristo Negro desde la Catedral

“¡Viva Cristo Rey!”, se escuchó repetidas veces ayer durante la procesión de subida del Santo Cristo de las Ampollas en la Catedral de Mérida, acto con el que concluyeron los festejos anuales dedicados al patrono de la Arquidiócesis de Yucatán en el centenario templo.

Después de la misa de clausura presidida por el obispo auxiliar monseñor Pedro Mena Díaz, se llevó al cabo la procesión de “cerrada”, con la cual finalizaron las celebraciones que se iniciaron el 14 de septiembre, fecha en que se realizó la tradicional bajada de la venerada imagen del Cristo Negro.

Numerosos devotos del Santo Cristo de las Ampollas, junto con integrantes de los gremios que le rinden culto, participaron en esta ceremonia realizada al mediodía. La venerada imagen fue llevada en procesión alrededor de la Plaza Grande, donde fieles y visitantes mostraron su respeto y devoción al Hijo de Dios.

El programa religioso concluyó con la subida de la figura a su nicho, ubicado en la nave norte del templo catedralicio. El gremio de Locatarios del Mercado Grande, último en participar en los festejos, prometió regresar el próximo año para continuar la tradición de fe. Al despedirse del Cristo de las Ampollas, los feligreses le ofrecieron música de mariachi en señal de gratitud y veneración.

Durante la Eucaristía, el obispo Pedro Mena recordó que la festividad en honor al Santo Cristo de las Ampollas tiene una larga tradición que se remonta al pueblo de Ichmul, donde nació la devoción. En su homilía, el prelado explicó el sentido teológico de esta veneración y la importancia de proclamar a Jesucristo muerto y resucitado como centro del mensaje cristiano.

“El Evangelio nos enseña que los apóstoles, llenos del Espíritu Santo, anunciaron la muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Pedro proclamó este testimonio en la plaza, y tres mil personas creyeron en Cristo como el enviado del Padre, ungido por el Espíritu Santo para llevar al cabo la salvación del mundo”, expresó monseñor Mena Díaz.

El obispo destacó que la Iglesia continúa hoy con la misión de Jesús, siguiendo el ejemplo de los apóstoles y de la Santísima Virgen María, quien, junto con San José, fue partícipe del plan de redención. “La Virgen María es la perfecta discípula de su Hijo, y José fue el custodio fiel de la misión divina”, dijo.

El obispo recordó la historia del origen del Santo Cristo de las Ampollas, cuya imagen, según la tradición, surgió milagrosamente en Ichmul. Narró que, durante la evangelización, un sacerdote del lugar pidió un signo que alentara la fe del pueblo, y fue entonces cuando se produjo el prodigio del árbol que ardía sin consumirse, semejante a la zarza de Moisés.

El sacerdote, devoto de la Virgen María, decidió encargar una imagen en su honor, pero un misterioso personaje se ofreció a tallarla. Al amanecer, la sorpresa fue que la escultura no representaba a la Virgen, sino a Cristo crucificado. “La gente se preguntaba quién habría hecho la imagen y se cree que fue San José quien vino a esculpir la figura de su Hijo, entregándola al pueblo”, relató el prelado.

Posteriormente, un incendio afectó al templo, y aunque la imagen resultó marcada por ampollas, no fue destruida, hecho que dio origen a su advocación como Cristo de las Ampollas.

El obispo destacó que este acontecimiento fue una señal de fe para el pueblo yucateco, que desde entonces mantiene viva su devoción al Cristo Negro. “José puso a su Hijo en el centro del pueblo; María lo acompañó con amor maternal. Así también nosotros debemos colocar a Jesucristo en el corazón de nuestra vida y permitir que reine en nuestro pueblo”, afirmó.

Durante su reflexión, el prelado subrayó que la devoción mariana en Yucatán se ha extendido a lo largo de los años en diversas advocaciones, como la Inmaculada Concepción, la Asunción, la Natividad, la Candelaria y la Virgen de Guadalupe. Sin embargo, enfatizó que el verdadero deseo de la Virgen María es que todos sigan a su Hijo.

“La Santísima Virgen quiere que el pueblo que la venera tanto siga el camino de Jesucristo. Ella, como madre, nos conduce hacia Él. La fe en Cristo y la devoción a su cruz son el centro de nuestra vida cristiana”, puntualizó el obispo.

En la misa también participaron el presbítero Juan Pablo Moo Garrido, rector de la Catedral de Mérida, y el diácono Fernando Bermejo Salmerón. La celebración concluyó entre cánticos y oraciones, mientras los fieles aclamaban nuevamente: “¡Viva Cristo Rey!”.— CLAUDIA SIERRA MEDINA

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