Lo único que me gusta más que hablar de comida es comer —John Walters
¿Quién en Yucatán no ha probado un panucho? Creo que todos los que habitamos esta bendita tierra lo hemos degustado con un placer enorme, pues es algo delicioso y parte de la gastronomía yucatanense.
No es nada simple. Al cocinar la tortilla de maíz hay que formarle el hollejo y dentro de él poner frijol colado para luego freír en una sartén; entonces se le añadirá cebolla curtida (cebolla en escabeche) y si se quiere rebanadas de tomate y de aguacate.
Según lo que sabemos a través de la historia popular, el origen del panucho se dio en la ciudad de Mérida, a mediados del siglo XIX. Se dice que en una casa del barrio de San Sebastián habitó un señor al que la gente apodó como “don Ucho”, mismo que tenía un puesto de comida que ofrecía alimentos para los viajeros que iban y venían de Campeche en la ruta que se conocía como “Camino real”.
Un buen día a “don Ucho” se le ocurrió preparar un bocadillo a base de pan con frijoles colados y huevo cocido y la gente que lo comía, comenzó a nombrar ese platillo como “el pan de don Ucho”; después —y sin motivo aparente— el pan fue reemplazado por una tortilla de maíz.
El bocadillo se volvió popular entre los viajeros debido a su delicioso sabor y solo fue cuestión de tiempo para que los comensales hicieran un juego de palabras entre “pan” y “don Ucho” y resultara “panucho”.
Kanasín, que forma parte de la zona metropolitana de Mérida, está intentando posicionarse como capital del panucho debido a que en diferentes lugares de su población puedes encontrar esto que se ha convertido en el emblema de Yucatán, aunado a otras delicias gastronómicas.
Los que hemos vivido por décadas en Mérida buscamos con anhelo lugares para degustar este platillo y recordamos a Marrero, cuyo nombre no recuerdo y que, establecido en el parque de Santa Ana, nos ofrecía unos deliciosos panuchos, que ahora casi brillan por su ausencia en nuestra ciudad.
