El director Alejandro Basulto y el pianista Rafael Gutiérrez Vélez consolidan una colaboración musical que se refleja sobre y bajo el escenario
El director Alejandro Basulto y el pianista Rafael Gutiérrez Vélez consolidan una colaboración musical que se refleja sobre y bajo el escenario

Desde distintos puntos del escenario, pero unidos por un mismo lenguaje —la música—, el director huésped y el solista invitado de esta semana de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), Alejandro Basulto y Rafael Gutiérrez Vélez, respectivamente, consolidan una complicidad artística que se manifiesta desde el instante en que se inicia el concierto.

Coincidir por segunda ocasión en un programa representa para ambos más que un reencuentro profesional; es también la oportunidad de retomar una dinámica creativa que se percibe tanto durante como después del ensayo. “La relación entre director y solista puede ser muy complicada porque son dos ideas, dos interpretaciones de un mismo texto. Con Rafael nunca he tenido ese problema porque es muy generoso, siempre está dispuesto a escuchar ideas, pero al mismo tiempo es firme con sus interpretaciones”, expresó Basulto.

Para Gutiérrez, volver a trabajar con el director significa una experiencia gratificante que va más allá de lo musical, pues implica también un vínculo afectivo con las piezas que interpretarán. “Alejandro es una persona muy abierta; siempre busca que yo sea lo más creativo posible. Hay una comunicación real, una fraternidad dentro y fuera del ensayo. Es ahí donde se siente seguridad, comprensión y puede florecer la calidad y creatividad”, añadió.

El programa que, como ya informamos, interpretarán mañana y el domingo en el Teatro Armando Manzanero estará conformado por dos obras dedicadas enteramente a Tchaikovsky: el Concierto para piano número 1 en Si Bemol menor y la Sinfonía número 5 Op. 64 en Mi menor.

La propuesta de interpretar el concierto para piano vino del propio solista. “Le tengo un afecto muy particular a este concierto. Cursé mis estudios de especialización en Moscú, y esta obra es insigne de la cultura rusa. Poder traerla a Mérida, donde nací, crecí y viví mis primeros 14 años, es algo muy especial. A eso se suma que somos dos yucatecos tocando música rusa, algo fuera de lo normal y hermoso”.

Coincidieron en que el programa representa un desafío tanto técnico como interpretativo, especialmente por el corto período de preparación. “Tuve tres semanas. Fue una preparación muy apresurada, con muchas horas y algo de estrés, pero el primer ensayo fue bastante bien. Ya conozco la forma de trabajar de Alejandro, y eso ayuda mucho para desarrollar la interpretación”, señaló Rafael.

Basulto agregó que interpretar a Tchaikovsky implica una doble exigencia: las demandas técnicas de la obra y las expectativas del público, que suele tener una relación emocional con este repertorio. “Cuando la música es muy conocida, el público conocedor suele ser menos duro, pero si es una obra que está en sus corazones… esperan cosas”.

El pianista compartió que, desde su papel como solista, cada interpretación se vive como “una batalla por emerger frente a la orquesta”. Explicó que el instrumento es un elemento determinante: “Cada piano es distinto; cambia por el tiempo, la humedad, quién lo afinó. Luego hay que entender la acústica del teatro, porque es una relación continua con la orquesta. Si no escucho a la orquesta, estoy confundido, aunque el público oiga todo claro. Todo influye: instrumento, acústica, energía. Es un proceso vivo”.

En cuanto a lo que esperan del público, Rafael afirmó: “Es una música que se tiene que sentir. No es necesario conocer sus obras ni saber cuándo nació el compositor para disfrutar y dejarse llevar por lo que escribió. Si la gente puede llevarse una memoria grata a la cual regresar, y eso la anima a adentrarse más en la música, ya sea de Tchaikovsky o de la orquesta, para mí sería muy bueno”.

Alejandro, por su parte, expresó: “Espero que el público salga enamorado y diga: ‘Quiero regresar a la orquesta sinfónica’. El futuro de la música clásica en Yucatán puede ser muy brillante si seguimos apoyando el talento local”.

El programa promete llenar el Teatro Armando Manzanero y envolver al público en una experiencia emocional intensa.

Radicado actualmente en Alemania, Rafael adelantó que su regreso a Mérida podría repetirse pronto. “Espero poder volver más seguido con la OSY, presentando conciertos más y más importantes. No tengo un concierto específico en mente, pero sí el deseo de compartir mi trabajo al más alto nivel”.

Los conciertos están programados para mañana viernes a las 8 de la noche y el domingo al mediodía. Los boletos para acceder gratuitamente estarán disponibles en taquilla desde dos horas y hasta 10 minutos antes de cada presentación. En la entrada del recinto se venderá el disco más reciente del pianista, “Guerra y paz”, que podrá ser autografiado y tendrá precio de $300.— Karla Acosta Castillo

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