Entre los siglos XV y XVI, Florencia, una bellísima ciudad italiana, sería cuna de un movimiento cultural, una rebelión intelectual, que propició el momento clave para el paso de la Edad Media a la Moderna.
Mentes brillantes iluminaron el firmamento de las artes, ciencia, política y otras ramas.
Hombres con inteligencias claras, revaloraron el pensamiento de los sabios de la antigüedad y desarrollaron un espíritu crítico que cambió el mundo, esa tendencia científica se denominó: Renacimiento.
Hubo grandes personajes en esa corriente, pero uno de ellos, con su pensamiento influyó en los asuntos del Estado y es considerado el padre de la Ciencia Política Moderna.
Y, es a no dudarlo, representante significativo de esa corriente, su nombre: Nicolás de Bernardo de Maquiavelo, un ilustre florentino cuya obra máxima, denominada “El Príncipe”, es un verdadero tratado de política. Parte de su vida Nicolás desempeñó cargos públicos, lo que le permitió conocer directamente cómo funciona la maquinaria del Estado y cuáles eran las conductas, procederes, fortalezas y debilidades de los hombres en el manejo de esas actividades. Y razonando esas experiencias, sentó los principios que consideró adecuados para obtener y conservar el poder.
Maquiavelo en su libro establece los caminos para erigir un Estado, conquistar el poder y retenerlo. Para él, los dogmas morales y religiosos no deben de tomarse en cuenta en la actividad política.
Conociendo la naturaleza humana, puntualiza las características que debe tener un gobernante: ser manipulador, astuto, inmoral, carente de escrúpulos, mentiroso y maestro en el arte del engaño. Ese libro lo escribió en el exilio y fue publicado cinco años después de su muerte.
Es un texto que no pasa de moda, actual, con sentencias que son eternas y en él se reflejan la inmensa mayoría de los dirigentes. A Maquiavelo se le atribuye erróneamente la cita “El fin justifica los medios”, sentencia que no aparece en ninguna de sus obras, la mención más cercana procede del teólogo jesuita alemán, Hermann Busenhaum, quien en su obra Teología Moral, dijo: “Cuando el fin es lícito, también lo son los medios”.
Nicolás Maquiavelo es autor de innumerables citas, todas verídicas. Señalo tres: “Siempre que alguien quiera engañar, habrá alguien que quiera ser engañado”.
“El primer método para estimar la inteligencia de un gobernador es mirar a los hombres que tiene a su alrededor”. “El odio de los hombres generalmente nace del temor o de la envidia”.
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