PARÍS (EFE).— La investigación administrativa sobre el asalto al Museo del Louvre ocurrido el 19 de octubre reveló que la fuga de los ladrones pudo haberse evitado por apenas 30 segundos, lapso en el que los agentes de seguridad privada o la policía pudieron intervenir.
“Por cerca de 30 segundos, los agentes […] podrían haber impedido la huida”, explicó Noël Corbin, jefe de la Inspección General de Asuntos Culturales, ante la comisión del Senado francés.
Según detalló, esos “30 preciados segundos” no se aprovecharon debido a las fallas en la alerta inicial y a la fragilidad de los cristales de la galería irrumpida.
El informe identifica un “encadenamiento de fragilidades” acumulado durante años en el museo más visitado del mundo. Entre los puntos críticos destacan: equipos de seguridad inadecuados, cámaras exteriores insuficientes —en la zona del robo solo una funcionaba— y ausencia de un puesto central para monitoreo simultáneo.
La consecuencia fue que las imágenes del asalto, que duró entre siete y ocho minutos, no se vieron en tiempo real. También se remarca una “insuficiencia de los dispositivos mecánicos”, ya que la ventana de la Galería de Apolo presentó una resistencia mínima.
Otro aspecto subrayado es la mala coordinación de la alerta, pues la policía no recibió instrucciones claras sobre la ruta de escape y se encaminó en la dirección equivocada. Aun así, la actuación conjunta de agentes del Louvre y la policía impidió que los ladrones quemaran las pistas de su huida, lo que permitió detener a los cuatro presuntos autores y a algunos cómplices.
No obstante, el botín —ocho joyas de la Corona francesa— sigue sin recuperarse, pese a su valor patrimonial incalculable.
Finalmente, la investigación critica el retraso en la implementación del nuevo plan general de seguridad, iniciado tras una auditoría de 2017, pero ralentizado y recortado en recursos entre 2022 y 2024. También denunció problemas graves en la transmisión interna de documentos clave, incluyendo la desaparición de una auditoría de 2019 realizada por Van Cleef & Arpels que advertía del riesgo del balcón usado para la intrusión.
Los investigadores afirmaron estar “extremadamente sorprendidos” por este cúmulo de fallas, aunque precisaron que no hubo “mala fe”, sino una sucesión de disfunciones que llevó a una situación de catástrofe.
