VIMOS SURGIR SU ESTRELLA Y VENIMOS A ADORARLO

San Mateo no dice que fueran reyes. La señal mesiánica anunciada por Isaías es la evangelización de los pobres.

En todo el Oriente se esperaba en aquellos tiempos que comenzara la “edad de oro” bajo el señorío de un monarca universal, pero en Babilonia se decía que ese monarca nacería en Occidente. Por esta razón, por el conocimiento que se tenía en Babilonia de las profecías de Israel, por el culto que se daba allí a las estrellas y por el conocimiento de la astrología, peculiaridades todas de aquel país, podemos suponer que los Magos procedían de Babilonia. Posiblemente pertenecían a una casta sacerdotal de la que hace mención el libro de Daniel.

Aceptado y rechazado

Herodes se estremeció de temor ante la posibilidad de ser destronado por el recién nacido, y los habitantes de Jerusalén temieron que la llegada de los Magos fuera ocasión de disturbios y de represiones. En cualquier caso, lo que san Mateo quiere decirnos es que Jesús fue aceptado por los extraños y rechazado por los suyos. La astucia de Herodes, que se fingió interesado por adorar a Jesús, puso al descubierto una táctica bastante generalizada por los poderosos de este mundo.

Muchos han sido los que desde entonces han fingido proteger a la Iglesia cuando en realidad lo que deseaban eran controlarla o acabar con ella.

De todos modos, el viaje de aquellos personajes se convirtió en el emblema de la vida cristiana como desapego, seguimiento y búsqueda. El que camina apegado a las cosas materiales y a los egoísmos, no puede ser peregrino hacia Cristo y con Cristo.

Quien está convencido de poseer la verdad se parece a los sacerdotes de Jerusalén: fríos intérpretes de una Palabra que no los involucró ni los convirtió a Dios.

Instalados en la ciudad, Belén y Nazaret sólo les pareció un lugar insignificante “del que no puede salir nada bueno”. En cambio, aquellos Magos fueron presentados por san Mateo “postrados en adoración”.

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