GUNTHWAITE, Inglaterra (Por Alex Marshall, de “The New York Times”).— En los más recientes Juegos Olímpicos, en París, cientos de competidores trataron de conjugar la destreza atlética con la gracia artística, pero solamente los que compitieron en doma, o adiestramiento, lo intentaron sentados a horcajadas sobre un animal voluntarioso.
La doma, conocida popularmente como “danza del caballo”, consiste en que los jinetes dirijan a sus caballos para que realicen una serie de movimientos, incluidas piruetas, que se cree que tienen un origen militar.
Este deporte ha estado recientemente en los titulares por todas las razones equivocadas. Hace unos meses salió a la luz un vídeo en el que una conocida amazona fustigaba una y otra vez a un caballo durante un entrenamiento. Para muchos aficionados a la doma, el vídeo fue impactante. El adiestramiento no debe consistir en obligar a los caballos a someterse; debe ser un escaparate de la unión entre jinetes y caballos. Y a pesar de requerir una enorme cantidad de práctica y fuerza, debe parecer que no requiere esfuerzo.
Esto es especialmente cierto en la prueba de estilo libre, en la que los caballos actúan al ritmo de la música y son juzgados por su excelencia artística, además de su precisión técnica.
El escándalo de los latigazos obligó a Charlotte Dujardin, una de las mejores jinetes del equipo británico, a retirarse. La amazona reserva del equipo, Becky Moody, ocupó su lugar. En una visita a sus establos, Moody explicó qué hay que hacer para entrenar a un bailarín equino.
1) Encontrar el caballo adecuado. Algunos jinetes de adiestramiento tratan de comprar el éxito y ofrecen millones de dólares por caballos entrenados. Pero muchos, como Moody, crían a los suyos, cruzan los dedos y esperan que puedan convertir a un potro en una estrella.
Moody, de 45 años, admitió que tuvo suerte con Jagerbomb, su caballo actual. Bomb, como Moody lo llama de cariño, tiene 11 años, mide más de 1.76 metros y pesa unos 725 kilos.
Algunos caballos son elegantes por naturaleza. Otros son torpes. De joven, Bomb estaba en el punto medio, señaló Moody, por lo que apenas destacaba. También parecía carecer de la energía necesaria para realizar los movimientos más difíciles.
De acuerdo con la amazona, no fue sino hasta que Jagerbomb cumplió los seis años cuando las cosas cambiaron para bien. Un día, se entusiasmó y empezó a hacer cabriolas en un movimiento conocido como piaffe, que es como la versión a caballo de un hombre corriendo.
Así, Moody se dio cuenta de que Bomb tenía posibilidades.
Ahora es muy cotizado. Un jinete llegó a ofrecer más de dos millones de libras (unos 2.5 millones de dólares) a Moody por él, pero rechazó la oferta.
2. Fortalecerlo. La doma es tan intensa que Moody solo entrena a sus caballos tres o cuatro veces por semana, durante 40 minutos como máximo. Para mantener a sus caballos fuertes y contentos fuera de las sesiones de entrenamiento, los monta por caminos locales, sobre todo subiendo y bajando cuestas. Algunos de sus caballos también pasan tiempo en una cinta de correr instalada en la base de un contenedor lleno de agua (empujar contra el agua supone un reto adicional).
Estado mental
Un jinete también tiene que poner atención al estado mental del caballo. Laura Tomlinson, jinete británica que ganó el oro por equipos y el bronce individual en los Juegos Olímpicos de 2012, dijo que los caballos son un poco como los niños: si los haces trabajar demasiado, se aburren y no quieren bailar.
3. Repetir y recompensar. Becky Moody explicó que el entrenamiento de doma se inicia con los movimientos más sencillos: el paso, el trote y el galope. Un caballo necesita hacer los tres con elegancia, al igual que ser capaz de pasar suavemente de una velocidad a otra.
Poco a poco, el jinete irá añadiendo acciones más complejas. Puede empezar paseando al caballo en un círculo amplio. Luego, en uno más pequeño.
Esos círculos se hacen cada vez más cerrados, con los cuartos traseros del caballo girados hacia dentro, hasta que el caballo acaba haciendo piruetas.
Con el tiempo, el caballo y el jinete desarrollan un lenguaje casi secreto, de modo que el jinete solo tiene que hacer un pequeño movimiento con las riendas, las pantorrillas, el muslo o el tronco, y el caballo responde. Los sonidos también pueden ayudar, pero los jueces penalizan a los jinetes que chasquean la lengua o utilizan otros ruidos para dar instrucciones al caballo durante la competencia.
4. Practicar frente a un espejo. En el establo techado de Moody, un espejo de unos 19 metros de largo colocado en uno de los muros convierte la pista en un estudio de baile.
A veces, Moody revisa la postura de Jagerbomb en el espejo, por ejemplo cuando trabaja el medio paso, un movimiento en el que el caballo se desplaza hacia delante y hacia los lados al mismo tiempo, y cruza las piernas. “Puedes pensar que estás en un ángulo”, apuntó la amazona, “pero te miras en el espejo y te das cuenta de que no es así: el cuerpo está recto y solamente tiene doblado el cuello”.
5. Verse bien. Las reglas de la doma clásica son complejas; el manual oficial de jueces tiene 68 páginas. Los jueces no están ahí para calificar la apariencia, pero Tomlinson afirmó que “los jueces son humanos” y se dejan influir por el aspecto del caballo y el jinete.
Becky Moody decidió colocar extensiones de pelo en la cola de Jagerbomb para que luciera más gruesa y tuviera un aspecto más equilibrado. “Con una cola delgada se vería un poco patético”, reconoció.
En las competencias, la amazona usa una aguja para trenzar la crin de Jagerbomb. Le toma 25 minutos, tiempo que usa para calmar la mente y visualizar la cabalgata que está por efectuar.
6. Poner música. Durante la prueba de estilo libre, los jinetes y sus caballos realizan rutinas de seis minutos en las que giran y hacen cabriolas por la pista, cambiando continuamente de ritmo. Moody utiliza una aplicación para diseñar su plano, un mapa de los movimientos de su caballo por la pista, e intenta presentar dramatismo y dificultad.
Piensa en la música solo después de haber coreografiado la rutina completa. Envía sus ideas, junto con el vídeo de un ensayo, a un compositor, que une varias canciones o piezas orquestales para que encajen con los movimientos del caballo.
Fáciles de escuchar
Tom Hunt, compositor especializado en música para adiestramiento, explicó que la mayoría de los jinetes quieren bandas sonoras de películas y piden piezas orquestales de “Frozen” e “Indiana Jones”. Al utilizar música que es fácil de escuchar, no se corre el riesgo de ofender a los jueces, añadió.
Moody eligió para los clasificatorios de París algo más peculiar: un popurrí de éxitos de Tom Jones. La amazona reveló que al principio le preocupaba que Jagerbomb bailara “Sex Bomb”, pero las canciones iban de maravilla con la personalidad de su caballo.
