El 24 de octubre de 2025 se dieron a conocer los principales logros del año en materia cultural. Aunque las cifras pueden resultar llamativas, como el evento Celebremos el Renacimiento Maya, es necesario cuestionarnos: ¿la política cultural está construyendo un verdadero desarrollo o solo administra eventos acordes a su proyecto político-cultural denominado Renacimiento Maya?
¿Cómo quedan las otras manifestaciones artísticas —académicas, contemporáneas o experimentales— con discursos globales, no locales o no necesariamente afines a la cultura maya? ¿Existe una intención real de dejar un legado cultural en la presente administración?
Es necesario reconocer que Sedeculta (Secretaría de la Cultura y las Artes de Yucatán), mediante su gestión, ha implementado una movilización social y territorial que puede contribuir progresivamente a normalizar el acceso de la población a la cultura y las artes. Se trata de acciones necesarias para mitigar condiciones de marginación y desigualdad, así como para eliminar barreras y asegurar una participación incluyente y equitativa.
Sin embargo, estos pueden considerarse logros inmediatos, sustentados en estrategias diseñadas para generar impacto mediático. Esto evidencia que la política cultural del Estado afronta un problema estructural, al no impulsar ideas basadas en la investigación de las necesidades reales de la ciudadanía. Dicho análisis debería ser un requisito previo y fundamental para la planeación de una inversión eficiente enfocada al desarrollo de programas culturales, involucrando tanto a críticos y voces divergentes del gobierno como a quienes son afines a la institución, escuchando opiniones diversas que permitan realizar un análisis coyuntural: un estudio de la situación actual centrado en la correlación de fuerzas sociales, políticas y económicas, con el fin de lograr un consenso en torno al gasto y la inversión pública en cultura.
Si bien los logros mencionados en el informe pueden ser reales y no deben minimizarse, son de corto plazo; por lo tanto, la aspiración debería ser construir una administración con trascendencia histórica a largo plazo.
En ese sentido, resulta necesario crear un legado cultural mediante activos físicos destinados a las generaciones futuras, es decir, instituciones culturales relevantes que se mantengan a lo largo del tiempo, como centros de formación artística, museos de arte contemporáneo, archivos culturales, teatros y bibliotecas. Asimismo, se requiere consolidar festivales culturales de prestigio nacional o internacional que posicionen a nuestra entidad como una región de relevancia artístico-cultural, sin replicar modelos anteriores como el Otoño Cultural.
La consolidación del estado de bienestar en Yucatán debe basarse en la formulación de políticas culturales —planes, proyectos y presupuestos— que tengan como eje principal el aspecto democrático, sin tintes partidistas o ideológicos, y que no respondan a una lógica de activismo político-cultural orientada a la captación de votantes o al beneficio de grupos afines.
Estas políticas deben contemplar las opiniones de instituciones, artistas, gestores, especialistas, promotores, periodistas culturales y voces reconocidas del sector.
Si bien el apoyo a la cultura maya es fundamental, existen otros pendientes relevantes que se espera sean abordados por la administración en 2026 y que beneficiarían de manera general a la comunidad artística, tales como: la profesionalización y retabulación de los sueldos de la burocracia del sector cultural; la creación de una política de apoyos vitalicios para creadores que, debido a su edad y a condiciones de crisis económica, viven exclusivamente de su trabajo creativo en condiciones poco dignas; la provisión de seguridad médica para creadores independientes que dependen únicamente de su labor artística, mediante un programa de financiamiento basado en la valoración de su trayectoria y en criterios cualitativos y cuantitativos, así como el otorgamiento de la autonomía universitaria a la Universidad de las Artes de Yucatán (UNAY), entendida como independencia política y administrativa.
Con el inicio del nuevo ejercicio fiscal 2026, es momento de que el Ejecutivo Estatal comience a sentar las bases de una política cultural que trascienda la coyuntura, que marque una verdadera diferenciación con gobiernos anteriores y represente una renovación real de la administración, ya que actualmente no se percibe una política cultural orientada a la creación de un legado que inscriba a este gobierno en la historia.
Por otro lado, y en relación con mis publicaciones recientes, es importante señalar que la crítica cultural ha sido una parte esencial de la vida artística desde el siglo XVIII. Alexis de Tocqueville, en el siglo XIX, ya se refería a la libertad de prensa como un elemento esencial y constitutivo de la democracia moderna, indispensable para el funcionamiento de una sociedad libre.
En el ámbito cultural, la crítica no se limita únicamente a emitir juicios de valor sobre obras de arte, sino que opera en un plano normativo y ético, asegurando que las instituciones funcionen de manera responsable y profesional dentro de la sociedad.
Esto implica actuar como un contrapeso permanente al poder establecido, como una voz auténtica y veraz. Por ello, el periodismo crítico debe mantenerse independiente del control gubernamental, de la censura y de la influencia política o partidista, así como alejado de aspiraciones personales de integración a la burocracia mediante notas halagadoras, tendenciosas o como forma de pago de favores políticos a periodistas afines.
Finalmente, descalificar toda crítica u opinión divergente calificándola como “neoliberal”, “prianista”, “prensa fifí”, “conservadora”, “rencorosa”, “envidiosa”, o acusarla de emitir “juicios desde el hígado” o de haber “perdido privilegios”, empobrece el debate público que todos los actores culturales merecemos y al cual debemos contribuir.
Nunca debe renunciarse a la libertad de prensa reconocida por la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en sus artículos 6o. y 7o. Por ello, mi intención seguirá siendo aportar a la función pública desde mi labor, a través de ideas, críticas y opiniones.
Crítico y curador.
