Arriba, el grupo de alabanza durante sus intervenciones; a la izquierda, monseñor Gustavo Rodríguez Vega presidiendo la misa por los 50 años de la Dedicación y Consagración del templo
Arriba, el grupo de alabanza durante sus intervenciones; a la izquierda, monseñor Gustavo Rodríguez Vega presidiendo la misa por los 50 años de la Dedicación y Consagración del templo

El mediodía de ayer estuvo marcado por fe compartida, memoria agradecida y la esperanza viva con la que se celebró en la parroquia de Chuburná, Nuestra Señora de la Asunción, la misa por el 50 Aniversario de la Dedicación y Consagración del templo parroquial.

La ceremonia fue presidida por Gustavo Rodríguez Vega, Arzobispo de Yucatán, quien acudió al llamado del párroco del templo, Melchor Rey Trejo Alvarado.

La respuesta de la comunidad superó las expectativas. Desde temprana hora, el atrio del templo comenzó a llenarse de familias completas, adultos mayores, jóvenes y niños, por lo que la celebración eucarística fue dispuesta en este espacio abierto, convertido en un amplio lugar de encuentro para el pueblo de Dios. La asistencia numerosa dio testimonio de una comunidad viva, que ha respondido con constancia y entusiasmo a cada una de las actividades programadas durante este año jubilar.

La celebración contó también con el vicario Gaspar Alberto Arceo Castillo, así como de un coro integrado por jóvenes, niños y adultos, quienes acompañaron con cantos solemnes y llenos de fervor la liturgia.

La música y las voces se entrelazaron con el silencio orante, creando un ambiente de profunda participación y recogimiento, en el que la fe se expresó no solo en las palabras, sino también en los gestos y en la comunión fraterna.

El Evangelio fue proclamado por el párroco Melchor Rey Trejo Alvarado, con el pasaje correspondiente a la solemnidad de la Epifanía del Señor, que narra la visita de los Magos de Oriente al Niño Jesús. Este relato bíblico sirvió de base para la homilía de Monseñor Gustavo Rodríguez Vega, quien ofreció una reflexión clara y contundente, invitando a la comunidad a mirar su historia con gratitud y a proyectarse hacia el futuro con esperanza.

Al iniciar su mensaje, el arzobispo hizo referencia a la memoria de la consagración del templo, invitando a quienes fueron testigos de aquel momento a conservarla no solo como un recuerdo personal, sino como un tesoro espiritual que debe transmitirse a los hijos y a los nietos.

Señaló que esta memoria no puede quedar únicamente en los archivos de la curia diocesana, sino que debe permanecer viva en la mente y en el corazón de la comunidad, como parte de su identidad y de su camino de fe.

Monseñor Rodríguez Vega explicó que el motivo central de la Eucaristía fue dar gracias a Dios por los primeros 50 años de la consagración del templo, en el contexto de la fiesta de la Epifanía.

Sin embargo, subrayó que la oración de la Iglesia siempre se abre también a los acontecimientos del mundo, por lo que invitó a elevar plegarias por los pueblos que atraviesan situaciones de dolor, violencia e incertidumbre. De manera especial, pidió orar por el pueblo venezolano, recordando el sufrimiento, la pérdida de vidas y la angustia que provoca la falta de paz, justicia y libertad, así como por las familias que se han visto obligadas a emigrar.

Al profundizar en el sentido de la Epifanía, el arzobispo explicó que el Evangelio habla de “unos magos de Oriente”, y que la tradición ha identificado a tres, en relación con los dones ofrecidos; oro, incienso y mirra. Más allá del número o de los detalles transmitidos por la tradición, destacó que lo esencial es el cumplimiento de las Escrituras y el reconocimiento de Jesús como Mesías por parte de hombres venidos de tierras lejanas, mientras que muchos de su propio pueblo permanecieron indiferentes.

En este contexto, Monseñor Rodríguez Vega subrayó que la Epifanía es una fiesta de catolicidad, un signo profético de una Iglesia abierta a todos los pueblos y culturas. Recordó otros signos similares en la vida de la Iglesia primitiva, como Pentecostés, cuando personas de diversas lenguas y naciones acogieron el anuncio del Evangelio, y el Concilio de Jerusalén, donde los apóstoles discernieron el camino para integrar a los nuevos creyentes provenientes del paganismo.

El Arzobispo reflexionó también sobre la figura de los Magos como buscadores de la verdad, hombres de ciencia y conocimiento que supieron leer los signos de su tiempo, estudiar, investigar y mirar el cielo sin perder de vista la realidad. A partir de ello, exhortó a los fieles a no conformarse con una fe superficial, sino a formarse, informarse y profundizar en el conocimiento de la fe, recordando que la verdadera ciencia no se opone a la fe, sino que puede enriquecerla y fortalecerla.

Al abordar el significado de los dones ofrecidos al Niño Jesús, explicó que el oro simboliza el reconocimiento de que todo bien proviene de Dios y debe administrarse con responsabilidad y generosidad, especialmente en favor de los más necesitados.

El incienso, dijo, representa la adoración a Dios, pero también el reconocimiento sincero de las cualidades y virtudes de los demás, sin envidia ni egoísmo.

La mirra, por su parte, es signo del sufrimiento humano y del sacrificio redentor de Cristo, e invita a consolar al que sufre y a ofrecer con fe las propias dificultades y dolores. Con estas reflexiones, Monseñor Gustavo Rodríguez Vega invitó a la comunidad a imitar a los Magos de Oriente en su búsqueda constante de la verdad, en su capacidad de adoración y en su disposición para ponerse en camino, recordando que la fe cristiana es dinámica y exige coherencia entre lo que se cree y lo que se vive.

Al término de la celebración eucarística, el párroco Melchor Rey Trejo Alvarado dirigió un mensaje de agradecimiento a monseñor Gustavo Rodríguez Vega por su cercanía pastoral y por presidir esta Eucaristía tan significativa para la vida parroquial, así como a todos los fieles que acudieron con espíritu de fe. Compartió también su alegría por estos primeros cuatro meses de servicio como párroco de Chuburná, tiempo en el que, dijo, ha podido constatar la fortaleza espiritual y el compromiso de la comunidad.

En su mensaje, el padre Melchor agradeció a las familias que, con su fe y su participación constante, sostienen la vida de la Iglesia, y expresó un especial orgullo al recordar que de la comunidad eclesiástica de Chuburná han surgido numerosos sacerdotes a lo largo de los años. En este marco de gratitud, destacó que a esta celebración jubilar se unieron también los presbíteros Antonio Flores Cervera y Jorge Martínez Ruz, pertenecientes a esta misma comunidad, como signo de comunión y continuidad vocacional.

Finalmente, el párroco exhortó a la comunidad a seguir siendo tierra fecunda para las vocaciones, animando a invitar a más niños y jóvenes a integrarse como monaguillos, como primer paso en el discernimiento vocacional. Con este llamado, concluyó una celebración que no solo recordó medio siglo de historia, sino que reafirmó el compromiso de la comunidad de Chuburná de seguir caminando unida, con fe viva y renovada.— DARINKA RUIZ

De un vistazo

Gran celebración

Durante tres días, se realizaron actividades con motivo del 50 aniversario por la Dedicación y Consagración de la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.

Aplicar la enseñanza

Usando como base la historia de los Magos de Oriente, el arzobispo Gustavo Rodríguez Vega pidió a los fieles profundizar en la fe.

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