La Conquista y, su consecuencia, la Colonia, estuvo en sentido contrario de la Historia. La reforma de Lutero, que tanto éxito tenía en Europa, planteaba que entre el hombre y Dios no hay intermediarios ni terrenales ni celestiales. Ya se tenía que ver con otros ojos a las vírgenes y a los santos.

La Colonia se propuso reivindicarlos. Todas las ciudades tenían que tener santos patronos. Mérida tiene tres: San Ildefonso de Toledo, porque en su día los Xiu vinieron con palabras de paz a unirse a los españoles; San Bernabé, porque en su día venció Montejo “El Mozo” a Nachi Cocom, el temible líder rebelde tan odiado por los pueblos mayas, y Nuestra Señora del Rosario, patrona de todas las batallas de la cristiandad.

En cierta forma los tres patronos eran armas contra los indios.

Por otro lado, Diego de Velázquez quiso apoderarse de los privilegios de la conquista de estas tierras y le escribió al rey y al Papa que ya había cristianos y devino en fundar una ciudad a la que le dio por nombre Carolina, en nombre del rey Carlos V, esta mítica ciudad dio lugar a un no menos mítico obispado: el Carolense.

Quizás puede decirse que el primer nombre de Mérida fue Carolina, como el primer nombre de Yucatán fue Isla de Nuestra Señora de los Remedios.

Sin embargo en documentos del siglo XIX se le nombraba San Bernabé de Mérida, tal como San Francisco de Campeche o San Juan Bautista, que fue el nombre de Villahermosa. Bernabé fue el patrono de mayor fuerza posiblemente porque fue el santo por el cual los españoles consumaron la conquista de esta tierra. 

Cronista de la ciudad.

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