ROMA (EFE).— Conmovedora y elegante, como su visión de la moda: así ha descrito el público la capilla ardiente de Valentino Garavani, fallecido el lunes pasado a los 93 años, en una jornada en la que han asistido admiradores y allegados para dar el último adiós en Roma al maestro italiano.
Una alfombra blanca marcaba el camino de los asistentes hasta el féretro, cerrado y presidido por un retrato en blanco y negro del diseñador, en un recorrido flanqueado por jarrones con flores blancas que daban un aire sobrio al ambiente, según se constató tras el acceso a la capilla ardiente.
A cada lado del ataúd se reunían familiares y allegados, acompañados en algunos momentos por las mascotas de Valentino —sus queridos perros de raza pug—, mientras la escena se completaba con un par de macetas con flores blancas y un arreglo floral colgando del techo, todo envuelto en una música de fondo.
Afuera, visitantes y personalidades destacadas del mundo de la moda e instituciones llegaban para despedir al que ha sido considerado el último gran emperador de la alta costura, en la histórica sede de su casa y de la Fundación PM23, en el corazón de Roma.
Valentino y Roma
El diseñador nació en 1932 en Voghera, en la región norteña de Lombardía, pero fue la capital italiana la ciudad decisiva en su trayectoria, pues ahí germinó su proyecto creativo, fundó su casa de moda y presentó su primera colección en 1959.
El actual alcalde de la ciudad, Roberto Gualtieri, así lo recordó al salir de la capilla ardiente. “Valentino encarnó Roma, llevando la luz, los colores, la belleza al mundo, una personalidad extraordinaria”, manifestó.
“Lo recordamos, lo lloramos con emoción y también con gratitud por todo lo que ha dado a la belleza y, por tanto, a toda la humanidad, y por cómo ha contribuido a proyectar la imagen de Roma en el mundo”.
Además de italianos, también se acercaron a dar el último adiós al famoso estilista turistas como la mexicana Maetzin Contreras, quien fue la primera persona que puedo acceder al lugar del velatorio.
“Cuando supe que había una capilla ardiente me dije: ‘Debo y quiero estar allí’. Para mí es una sensación impresionante porque le he admirado toda mi vida. Valentino es la belleza pura y sin límite. Era crear con el corazón”, opinó.
El mundo de la moda y de la compañía que creó le brindaron un emotivo adiós, con familiares y su socio y pareja, Giancarlo Giammeti, acompañando la llegada del féretro a primera hora.
Alessandro Michele, director creativo de la marca, afirmó a los medios tras recorrer la sala que siente “un gran pesar”, pero también “una gran alegría” ante el hecho de que el diseñador represente “un ejemplo de vida”.
“No me atribuyo ningún tipo de derecho… pero a veces toco sus cosas a través de las habitaciones donde él trabajó, y es hermoso”, expresó.
También estuvieron presentes decenas de empleados, como Lucia, quien trabajó como costurera de 1976 a 1996 bajo las órdenes de Valentino y que, entre lágrimas, lo recuerda como “un gran maestro”.
“Me enseñó muchísimo”, enfatizó, y señaló que al cerrar los ojos le aparece la imagen de Valentino “en su salón”: “Él ya imaginaba lo que nosotros deberíamos hacer. Un genio”.
Por su parte, otra figura reconocida, la célebre bailarina de ballet Eleonora Abbagnato, rememoró una de las piezas que Valentino confeccionó para una de sus presentaciones: “Cuando bailé en Nochevieja, con plumas de avestruz; la verdadera elegancia, el rojo, la emoción que siempre transmitía, el cariño…”.
La capilla ardiente estará abierta hoy en el mismo lugar, un espacio creado para preservar y difundir su legado artístico. Está previsto que el funeral se realice mañana viernes en la Basílica de Santa María degli Angeli e dei Martiri.
Con el deceso de Valentino, la alta costura italiana pierde a uno de sus últimos grandes embajadores, un creador que, pese a retirarse de las pasarelas en 2007, siguió siendo un referente mundial de lujo, elegancia y belleza atemporal.
De un vistazo
Gran pesar
Alessandro Michele, director creativo de Valentino, afirmó después de acudir al velatorio que sentía “un gran pesar”.
Un maestro
También estuvieron presentes empleados de la firma, como Lucía, quien trabajó como costurera y entre lágrimas lo recordó como “gran maestro”.



