Una experiencia que promete ser emocional y capaz de conmover al público es como visualiza Alfonso Scarano, director artístico de la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), los conciertos que la agrupación ofrecerá este fin de semana, cuando interpretará la Sinfonía No. 7 de Anton Bruckner, una obra cargada de misticismo.
El tercer programa de la presente temporada de la OSY continúa sorprendiendo, ya que en esta ocasión se eligió una obra poco interpretada por las orquestas debido a su alto grado de dificultad. La Sinfonía No. 7 de Bruckner representa un reto no solo para los músicos, sino también para el director y la propia audiencia.
Scarano señaló que se trata de una experiencia que difícilmente será olvidada, al tratarse de una sinfonía colmada de emociones intensas y espirituales.
“La experiencia de escuchar a Bruckner es siempre única porque él es un compositor realmente único. Si pensamos que vivió dentro de la Iglesia durante 50 años, eso es algo muy particular para un compositor del siglo XIX”, platicó en entrevista con Diario de Yucatán.
Explicó que su inspiración proviene de una naturaleza medieval, con una escritura musical antigua que fue reinterpretada a finales del siglo XIX e inicios del XX, periodo en el que se inscribe dentro del romanticismo.
Indicó que, para los músicos y especialmente para los directores de orquesta, Bruckner es una figura casi divina, no como una blasfemia, sino como una forma de expresar que, al igual que Beethoven o Mozart, ocupa un lugar sagrado en la historia de la música.
—-Es un compositor muy particular porque toda la música que escribió tenía un objetivo: no era para el público ni para los músicos, sino para Dios. Siempre escribía para Dios. Si pensamos que Dios es infinito para los cristianos, pero también una grandeza o una vastedad para quienes no son católicos, entendemos por qué Bruckner sentía la necesidad de una orquesta excepcionalmente grande.
Debido a ello, la dotación instrumental para esta obra es amplia, ya que la orquesta contará con ocho cornos, entre ellos cuatro tubas wagnerianas, un instrumento especial que aparece por primera vez en la Séptima Sinfonía.
Detalló que las sinfonías anteriores no incluyen esta dotación, pero que a partir de la Séptima, Octava y Novena, las tubas wagnerianas están siempre presentes. Subrayó que estos instrumentos son indispensables para la ejecución, ya que transforman el color orquestal y modifican el sonido general de la obra.
Transformación
El director enfatizó que el objetivo principal de estos conciertos es transformar la sala del Palacio de la Música en una iglesia abierta a todos: cristianos, católicos, musulmanes, budistas y también ateos. “Por eso, durante el primer ensayo le dije a la orquesta que, aunque somos músicos, hombres y mujeres, nuestro objetivo es crear un sonido como si estuviéramos en una iglesia, para que el público sienta esa atmósfera particular”.
Añadió que esta música es disfrutable, “es una música que trasciende el tiempo, es eterna; la experiencia del público será única”.
Scarano señaló que la obra no se interpreta con frecuencia debido a su complejidad, ya que exige a la orquesta un esfuerzo técnico, mental y espiritual considerable.
Recordó que Bruckner fue un compositor que durante 60 años no tuvo éxito, pese a escribir numerosas sinfonías y obras para órgano, coro, orquesta y cuarteto. Indicó que, aunque sabía que era un genio, fue tratado injustamente en Viena y Austria.
Precisó que fue hasta la Séptima Sinfonía cuando el compositor obtuvo su primer gran reconocimiento. Añadió que en el segundo movimiento de esta obra aparecen las tubas wagnerianas, como un homenaje a Richard Wagner, a quien Bruckner admiraba profundamente.
Cambio de colocación
Para estos conciertos, Scarano colocará las tubas de forma antifonal en el escenario, como en una iglesia, con dos grupos separados, para recrear un efecto de llamada y respuesta propio de la música del siglo XV.
“Esta música siempre llega después, no es inmediata, porque el instrumento de Bruckner era el órgano. En el órgano, el sonido no aparece inmediatamente después de tocar la tecla. Es como si el compositor siempre estuviera esperando que algo llegue, que Dios le hable. Todos estos elementos crean una atmósfera y un clima especiales”.
En esta ocasión participarán alrededor de 70 músicos en escena, debido a la instrumentación adicional requerida. Aunque se trata de una sinfonía extensa, de aproximadamente 75 minutos, el director confía en que el sonido permitirá que el público se deje llevar y pierda la noción del tiempo.
Finalmente, señaló que la música debe vivirse como una evocación, un rapto emocional, no como algo lógico. “La clave es vivir las emociones”, sugirió.
La última vez que dirigió esta sinfonía fue en junio de 2024, en Tailandia, y expresó su satisfacción por poder compartir esta experiencia con el público yucateco.
Los conciertos de la OSY se realizarán mañana viernes 6, a las 20 horas, y el domingo 8, a las 12 del día. Los boletos están disponibles en el lobby del Palacio de la Música y en el sitio www.sinfonicadeyucatan.com.mx.— IRIS CEBALLOS ALVARADO


