El pastor belga Bruno, integrante del elenco de “Cosmos”, en su presentación en un centro comercial del norte de Mérida, anteayer
El pastor belga Bruno, integrante del elenco de “Cosmos”, en su presentación en un centro comercial del norte de Mérida, anteayer

A veces el alma de una historia no habla, pero sí ladra. Bruno, un perro yucateco que está triunfando en su primera participación cinematográfica, se robó las miradas, sonrisas y aplausos de actores y del equipo de la película “Cosmos”, rodada en el Estado y dirigida por el suizo Germinal Roaux.

Entre luces, llamados y entrenamientos, la participación del pastor belga exigió disciplina y paciencia para narrar la historia.

Su entrenador y tutor, Rashid Cortázar, compartió que la audición por la que Bruno pasó fue muy exigente. Inicialmente, la producción solicitó un perro y Bruno era solo una de las opciones, pues —como en todo cásting— tenía competencia. Sin embargo, sobresalió al responder a órdenes de obediencia básicas, como ladrar, dar la pata y rascar puertas.

Poco a poco, las exigencias se volvieron más complejas. La participación de Bruno en las grabaciones se extendió cerca de dos meses y atravesó tres fases. Su entrenador dijo que una de las escenas más difíciles de grabar fue cuando Bruno debía estar dentro de un automóvil, lo que puso en aprietos no solo al propio canino, sino también a Rashid como entrenador.

Cortázar relató que, con el tiempo, Bruno fue demostrando habilidades no solo básicas, sino también avanzadas. Cada toma exigía un poco más del perrito, hasta convencer por completo a la producción de que estaba destinado a formar parte de la película.

Para su entrenador, uno de los momentos más emotivos fue cuando Bruno conoció a los protagonistas de la cinta. Tanto la española Ángela Molina, veterana actriz de películas como “Ese oscuro objeto del deseo”, de Luis Buñuel, y “Carne trémula”, de Pedro Almodóvar, y el yucateco Andrés Catzín “hicieron clic” con Bruno desde el primer instante.

Ángela preguntó el nombre del perro y, con mucha ternura, le habló; Bruno respondió cariñosamente, lamiendo su rostro mientras ella lo abrazaba. El entrenador dijo que parecía que se conocían de toda la vida.

Andrés Catzín también logró conectar con Bruno, y él y Ángela aprovechaban cualquier momento para jugar con el canino.

Sobre el cuidado que la producción brindó al pastor belga, su tutor aseguró que “fue maravilloso”: le proporcionaron aire acondicionado, hidratación y alimentación adecuada. Además, los llamados para grabar eran breves, a fin de evitar desgaste por el clima.

Rashid Cortázar añadió que durante la filmación se sintió constantemente desafiado, ya que, a diferencia de otras producciones, la “magia del cine” dependió de Bruno. Las escenas de más de 30 segundos —incluso de varios minutos— se hicieron sin cortes, dejando que el perro ejecutara las órdenes con precisión.

La historia trata de dos personas de la tercera edad que deciden hacerse compañía en la fase final de sus vidas. Hay algo muy claro: sin Bruno, la conexión entre ellos no existiría. Su presencia es clave en el filme.

La película fue grabada en municipios de Yucatán (Mérida, Progreso, Tizimín) e incluye diálogos en lengua maya. Además, rinde homenaje a las tradiciones yucatecas: las casas de paja, los altares y el sonido de la lluvia cayendo sobre techos antiguos evocan la Mérida de antes.— Ilse Noh Canché

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