La honestidad es una virtud, pero para quienes lo viven cada día y practican es una bendición, ya que habla de su integridad como persona.
Abre puertas o cierra puertas, ser honestos no solo es una virtud, es la bendición más grande que podamos ejercer día a día, pues al serlo no solo ganamos que la gente confíe en nosotros si no ganamos respeto.
Pero sobre todo, demostramos que sí conocemos la palabra de Dios buscamos cada día vivirla, haciéndonos mejores personas, no somos perfectos pero debemos buscar ser mejores cada día.
La honestidad se vive y se enseña, quienes son padres es importante enseñar esto a sus hijos, pero no solo enseñar si no ser ejemplo; a los hijos es necesario ser honestos a sus padres, y así tengan la confianza de sus padres; en el trabajo, en la familia, con amigos, escuela, en todo entorno necesitamos ser honestos.
En la palabra de Dios nos dice en Lucas 12:2 que “no hay nada encubierto que no llegue a revelarse ni nada escondido que no llegue a conocerse”.
2 corintios 8:21 “Procurando las cosas honestas, no sólo delante del Señor, más aún delante de los hombres”.
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