La relación entre feminismo, conocimiento y estudios de género, así como la forma en que los feminismos han contribuido a la creación del campo conocido hoy precisamente como estudios de género fue abordada por la investigadora Amneris Chaparro Martínez en una conferencia ofrecida anteayer en la sede Rendón Peniche del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (Cephcis) de la UNAM.
La charla se realizó como parte de la serie de actividades con las que la institución conmemora el 8M.
Chaparro Martínez, del Centro de Investigaciones y Estudios de Género de la UNAM, habló sobre este campo y por qué puede considerarse una revolución epistemológica.
Planteó que la palabra revolución tiene una conexión, no siempre evidente aunque debería serlo, con el feminismo y los estudios de género. “No podemos entender los estudios de género si no entendemos el feminismo. Es un llamado a pensar que no podemos deshacernos de esa categoría central que es el género, que tiene un poder explicativo del que no podemos prescindir”.
Explicó que la palabra revolución tiene varias acepciones, como acción y efecto de revolver o revolverse; también, un cambio profundo, generalmente violento, en la estructura política y socioeconómica de una comunidad nacional, y un levantamiento o sublevación popular.
Se preguntó de qué manera el feminismo y los estudios de género se corresponden con esas definiciones o si están creando su idea de lo que significa una revolución.
En ese sentido, dijo que es útil pensar no solo en sinónimos, sino también en antónimos de revolución, como sometimiento, acatamiento o contrarrevolución. Estos términos son relevantes porque buena parte de la iniciativa de los feminismos surge frente a prácticas de sometimiento y subordinación de ciertos sujetos.
“A partir de estas prácticas y creencias de opresión, muchas mujeres y personas pertenecientes a comunidades históricamente vulnerables se han levantado y han creado formas de revolución”.
La investigadora explicó asimismo cómo los feminismos han sido centrales en la creación del campo de conocimiento que se conoce como estudios de género.
El feminismo es un movimiento político e intelectual de larga data. Desde hace siglos existen ideas que cuestionan el pensamiento androcéntrico y los dogmas que sostenían la supuesta inferioridad de las mujeres frente a los varones.
Como en cualquier movimiento político e intelectual, existen debates internos entre feministas, producto de la pluralidad de voces y posturas.
Señaló que los feminismos se caracterizan por un cuestionamiento crítico de las desigualdades. Sin embargo, muchas veces estas desigualdades no se reconocen, incluso por los funcionarios públicos, pese a la existencia de estadísticas que muestran las brechas entre hombres y mujeres con repercusiones económicas, políticas, sociales y de estatus.
“Históricamente, los feminismos primero han señalado que estas desigualdades existen y luego han cuestionado por qué existen”.
Añadió que una de las dimensiones del feminismo ha sido la lucha por la adquisición de espacios, reconocimiento y derechos políticos y sociales.
Consideró que es histórico que hoy haya tantas mujeres en espacios como la universidad y el gobierno, algo que en otros momentos de la historia habría sido impensable y que es resultado de luchas desarrolladas por siglos.
“Estas conquistas no son solo para las mujeres y las niñas, sino también para los sujetos feminizados. Son producto de una acción intelectual y política que cuestiona el estado público”.
Génesis
Chaparro Martínez explicó que los movimientos feministas se configuraron a partir de los siglos XVIII y XIX, especialmente en este último, con el surgimiento del movimiento sufragista y con una mayor intervención política e intelectual.
“Llegamos al siglo XX con un feminismo muy potente que también se vuelve más diversificado y visible. A partir de los años sesenta y setenta, los movimientos feministas ya no son sólo de universitarias blancas de élite; surgen también los feminismos negros y los feminismos latinoamericanos, con particularidades como la respuesta a las dictaduras. Hay un redescubrimiento intelectual y político con gran impacto feminista”.
Se refirió a la producción literaria de esa época, que hoy se reconoce como feminista, aunque en ese momento aún no existía el concepto de género como tal, que se acuñó posteriormente.
Igulamente habló del logro que representó el derecho de las mujeres a ingresar a la universidad y de cómo hoy la academia permite formas de activismo a través de revistas, la docencia y la incorporación de autoras en los programas de estudio.
Sobre los estudios de género, abundó que los centros de investigación dedicados a este campo tienen antecedentes en los movimientos feministas, aunque como rama del conocimiento aún es relativamente reciente.
El concepto de género se utilizó para subrayar la diferencia entre el papel sexual asociado a la genitalidad y el papel de género vinculado con la identidad, es decir, con la manera en que las personas, independientemente de su genitalidad, se comportan como hombres y como mujeres.
“Una cosa fascinante dentro de la academia feminista es que no hay una sola definición de género. Eso habla bien del feminismo, porque los conceptos no se tratan como dogmas; cada quien elige una definición según su posicionamiento intelectual”.
La investigadora abordó otras ideas relacionadas con el tema, como la perspectiva de género y transversalización, entendidas como formas de aplicar esta mirada no sólo en la investigación, sino también en la política pública.— Iris Ceballos
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Gallia est omnis divisa in partes tres, quarum unam incolunt Belgae, aliam
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