Agustín Monsreal flanqueado por Patricia Garma Montes de Oca y Patricia Martín Briceño, anteanoche
Agustín Monsreal flanqueado por Patricia Garma Montes de Oca y Patricia Martín Briceño, anteanoche

Una noche amena y cercana se vivió alrededor de Agustín Monsreal en la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (Filey), con la literatura como punto de encuentro con el público.

Como parte del programa “Vidas literarias”, anteayer se realizó un conversatorio con el escritor yucateco, conducido por la periodista Patricia Garma Montes de Oca, quien fue alumna de Monsreal en un taller literario, lo que permitió una conversación fluida y en un ambiente de confianza.

Este formato responde al objetivo del programa: acercar a los lectores con los escritores, propiciando un diálogo que evoque una charla informal en la sala de una casa, como si se tratara de una visita de amigos.

Con esta dinámica, el autor de “Sueños de segunda mano” demostró que no solo se acerca al público por medio de la escritura, sino que también conecta con sus escuchas desde el escenario.

Monsreal comenzó su intervención recordando lo significativo que fue recopilar sus obras, pues le permitió revivir distintas etapas de su vida, o como él mismo las define, “cuántos yo he sido”. Al revisar sus textos, reconoció la evolución que ha experimentado, tanto en lo personal como en su trayectoria como escritor.

Al regresar a Mérida —radica en Ciudad de México— le despiertan emociones el cielo y los aromas como el del pan francés recién hecho, que lo hacen sentir nuevamente en casa.

Señaló que quienes aspiran a escribir deben evitar hacerlo solo porque sí: es necesario partir de una idea clara y de un mensaje que se desea transmitir.

Puso especial énfasis en la construcción de los personajes y tomó como ejemplo “Don Quijote”: aunque pocas personas han leído la obra completa, muchos reconocen con facilidad la locura del personaje y la escena con los molinos de viento.

Destacó la importancia del conflicto en los personajes, que debe estar bien justificado para que el lector comprenda por qué vale la pena conocer su historia y dedicarle tiempo.

Consideró que el final no es lo más relevante, sino las consecuencias de todo lo vivido. Comparó esta idea con la vida misma: cuando llega a su fin quedan asuntos inconclusos; nadie se va sin dejar pendientes, y son precisamente estos los que en una historia se exaltan.

Abordó asimismo el uso de los signos de puntuación, en particular las comas y los puntos, así como su combinación en un texto. Explicó que estos elementos son fundamentales para marcar el ritmo de la escritura y, dependiendo de cómo se utilicen, pueden modificar la intención de un diálogo o de una descripción.

Para quienes se enfrentan a dificultades para encontrar temas de los cuales escribir, sugirió centrarse en aspectos universales, como el amor, la muerte, la venganza y el miedo. Reveló que durante un tiempo estuvo particularmente interesado en “la mujer, el prójimo”, temas que se convirtieron en el eje de su reflexión creativa.

Casi al finalizar, compartió una de sus principales fuentes de inspiración. Al ser cuestionado sobre si lleva una vida solitaria, típica de un escritor, respondió que no. Incluso cuando busca momentos de soledad para escribir, suele acudir a espacios públicos, donde la observación de otras personas le permite imaginar y construir personajes a partir de quienes están realizando sus actividades cotidianas.

Es esta creatividad la que ha llevado a Agustín Monsreal a contar incluso con un diccionario propio de neologismos, en el que da significado a palabras surgidas dentro de sus obras.

Para cerrar la actividad, Patricia Martín Briceño, secretaria de la Cultura y las Artes (Sedeculta), entregó un reconocimiento al autor.— PABLO MAY PECH

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán