• Estudiantes usan máquinas de escribir como parte de un proyecto en la Universidad de Cornell en Ithaca
  • A la izquierda, un modelo Olivetti Studio 44, que era semiprofesional y, debajo, el modelo Olivetti Lettera 32, portátil. La imagen fue tomada como parte de una exposición
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WASHINGTON (AP).— La escena parece sacada directamente de la década de 1950, con estudiantes tecleando en máquinas de escribir manuales y las máquinas haciendo el sonido “ding” al final de cada línea.

Una vez por semestre, Grit Matthias Phelps, instructora de alemán en la Universidad de Cornell, enseña a sus estudiantes a escribir a máquina sin ayuda en línea. Sin pantallas, diccionarios en internet, correctores ortográficos ni tecla de borrar.

El ejercicio comenzó en la primavera de 2023, cuando Phelps se sintió frustrada al ver que los estudiantes estaban usando IA generativa y plataformas de traducción en línea para producir tareas gramaticalmente perfectas.

“¿Qué sentido tiene que yo lo lea si de todos modos ya está correcto y tú no lo escribiste? ¿Podrías hacerlo sin tu computadora?”, se cuestiona Phelps.

Quería que los estudiantes entendieran cómo eran la escritura, el pensamiento y las aulas antes de que todo se volviera digital. Así que encontró máquinas de escribir manuales antiguas en tiendas de segunda mano y mercados en línea, y creó lo que su programa de estudios llama una tarea “analógica”.

Quizá sea prematuro decir que las máquinas de escribir están regresando más allá del campus de Cornell. Pero el resurgimiento forma parte de una tendencia nacional hacia métodos de evaluación a la antigua, como exámenes en clase con lápiz y papel y pruebas orales, para evitar el uso de IA en tareas hechas en computadoras portátiles.

Las máquinas de escribir traen la costumbre de los “viejos tiempos” de hacer una sola cosa a la vez.

Asombro a lo “viejo”

Los estudiantes llegaron a clase un día reciente y encontraron máquinas de escribir en los pupitres, algunas con teclados alemanes y otras teclados QWERTY.

“Estaba tan confundida. No tenía idea de qué estaba pasando. Había visto máquinas de escribir en películas, pero no te dicen cómo funciona una máquina de escribir”, dice Catherine Mong, de 19 años, estudiante de primer año en el curso de Introducción al Alemán de Phelps. “No sabía que había toda una ciencia para usar una máquina de escribir”.

Como un teléfono de disco, la máquina de escribir manual parece sencilla, pero no es intuitiva para la generación del smartphone.

Phelps mostró cómo introducir el papel manualmente y cómo golpear las teclas con fuerza, pero no tanto como para que las letras se corran.

Explicó que la campanilla que suena indica el final de una línea y la necesidad de regresar manualmente el carro para comenzar la siguiente. (“Ah”, dijo un estudiante, “por eso se llama ‘return’”).

“Todo se ralentiza. Es como en los viejos tiempos, cuando de verdad hacías una sola cosa a la vez. Y había alegría en hacerlo”, señala Phelps, quien lleva a sus dos hijos, de 7 y 9 años, para que hagan de “soporte técnico” y se aseguren de que nadie tenga el teléfono a la vista.

La tarea deja lecciones que van más allá de aprender simplemente a usar una máquina de escribir, y esa es precisamente la idea.

“Me di cuenta de que la diferencia con trabajar en una máquina de escribir no es solo cómo interactúas con la máquina, sino cómo interactúas con el mundo a tu alrededor”, apunta Ratchaphon Lertdamrongwong, estudiante de segundo año y de la carrera de Ciencias de la Computación, pues su clase tuvo que redactar la crítica de una película alemana que habían visto.

En ausencia de pantallas, no hay notificaciones que te distraigan mientras escribes. Sin tener cada respuesta disponible al alcance de los dedos, les pidió ayuda a sus compañeros, algo que Phelps alentó con entusiasmo.

“Mientras escribía el ensayo, tuve que hablar mucho más, socializar mucho más, lo cual supongo que era normal en ese entonces”, sostiene Lertdamrongwong al referirse a la era de las máquinas de escribir. “Pero es drásticamente diferente de cómo interactuamos dentro del aula en los tiempos modernos. La gente siempre está en una laptop, siempre está en el teléfono”.

Sin una tecla de borrar y sin la posibilidad de corregir cada error, se detuvo a pensar con más intención sobre lo que escribía. “Esto quizá suene mal, pero me vi obligado a pensar realmente en el problema por mi cuenta, en lugar de delegarlo a la IA o a una búsqueda en Google”, afirma.

Ejercicio para los dedos

La mayoría de los estudiantes descubrió que sus meñiques no eran lo suficientemente fuertes como para mecanografiar, así que escribieron más despacio, picoteando el teclado con los dedos índice.

Mong, la estudiante de primer año, se enfrentó al desafío adicional de una muñeca rota recientemente, lo que le obligó a usar solo una mano. La perfeccionista —como ella misma se describe— se frustró al principio por lo desordenada que se veía su hoja, con espacios extraños entre ciertas letras y faltas de ortografía. (Phelps les dijo a los estudiantes que retrocedieran y tacharan cualquier error con “x”).

“Lo que entregué tenía marcas de lápiz por todas partes y definitivamente no se veía limpio ni terminado”, asegura Mong, quien consideró “divertida y desafiante” la tarea de escribir a máquina un poema. “Pero es parte del proceso de aprendizaje entender que vas a cometer errores”.

Aceptó los espacios irregulares y jugó con los límites visuales de la página para sangrar y fragmentar líneas al estilo del poeta E.E. Cummings. Le tomó varias hojas de papel y muchos errores, todos los cuales Mong guardó. “Probablemente voy a colgarlos en mi pared”, dice. “Estoy fascinada con las máquinas de escribir. Les dije a todos mis amigos: ¡Hice una prueba de alemán en una máquina de escribir!”.

De un vistazo

Escritura analógica

La profesora Grit Matthias Phelps implementó ejercicios con máquinas de escribir para fomentar el aprendizaje de sus alumnos sin herramientas digitales, promoviendo una reflexión auténtica y habilidades lingüísticas propias.

Desafío académico

El ejercicio prohíbe el uso de internet, correctores y traducciones automáticas, lo que obliga a los estudiantes a depender únicamente de sus conocimientos, fortaleciendo el pensamiento crítico y la autonomía.

Aprendizaje significativo

La experiencia enseña tolerancia al error, pensamiento consciente y adaptación, demostrando que escribir implica proceso y esfuerzo, más allá de resultados perfectos generados automáticamente.

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