El triduo pascual de la Semana Santa se inicia con el Jueves Santo, en el que se conmemora la institución de la Eucaristía, el mandamiento del amor y la institución del sacerdocio.

Para los fieles católicos es un día solemne en la celebración, la oración, la fe y en la contemplación del misterio pascual.

La misa de la Cena del Señor reproduce el gesto de Jesús al lavar los pies de sus discípulos y al entregar el pan y el vino, como su cuerpo y sangre. Ese doble mensaje recuerda que la Eucaristía no es sólo memoria sacramental, sino tarea, alimentar y ser alimentados para los demás. En las iglesias, parroquias y capillas, la celebración incluye el lavado de pies entre los integrantes de la comunidad, como símbolo de servicio.

Después de la comunión, la custodia de la Eucaristía y la procesión hacia el monumento eucarístico introduce la adoración y la vigilia. Para los creyentes católicos ese tiempo es invitación a la compañía con Cristo, que en el huerto vivió la soledad y el temor antes de la Pasión.

La institución de la Eucaristía se entiende como perpetuación del gesto mesiánico de Jesús quien, al repartir del pan y el vino a sus discípulos, les brindó su cuerpo y sangre, enviándolos a ser sacramento de la caridad en el mundo.

El Catecismo de la Iglesia Católica menciona: En la última cena, en la noche que fue entregado Jesucristo instituyó el Sacrificio Eucarístico de su cuerpo y de su sangre. En el Santísimo Sacramento de la Eucaristía están contenidos verdadera, real y substancialmente el cuerpo, y la sangre, junto con el alma, y la divinidad de nuestro señor Jesucristo y por consiguiente Cristo entero. Mediante la conversión del pan y el vino, en su cuerpo y sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. (cfr. CIC 1323).

La Eucaristía que instituyó en ese momento será el memorial de su sacrificio. Jesús incluye a sus apóstoles en su propia ofrenda y les manda perpetuarla. Así, Jesús instituye a sus apóstoles sacerdotes de la nueva alianza.

El documento “Evangelli Gaudium” del papa Francisco menciona: “La Eucaristía, aunque constituye la plenitud de la vida sacramental, no es un premio para los perfectos, sino un poderoso remedio y un alimento para los débiles” (EG 47).

El Jueves Santo invita también a una doble disposición: contemplativa y activa. Contemplativa en la gratuidad del misterio eucarístico y en la llamada a permanecer en vigilia y oración. Activa, en la exigencia del servicio y a la solidaridad. Para la comunidad católica el Jueves Santo no es un acto aislado, sino parte de una guía que culmina en la Pascua, centro de la fe cristiana y horizonte de la renovación para la vida personal y comunitaria.

Abogado y Maestro en Administración.

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