Los grupos de activistas que promueven intervenciones e inclusiones en las escuelas desde la primera infancia aseguran que promover la “transexualidad” en los niños es algo científico, aunque no muestran estudios que lo avalen y que respalden tal acción.

Es bueno preguntarnos por qué el DSM V, que es el Manual diagnóstico y estadístico oficial de los trastornos mentales, tiene una categoría diagnóstica específica llamada “Disforia de género”, que se aplica sólo a sujetos que expresan un malestar (enojo) afectivo-cognitivo por la incongruencia que viven entre el género que ellos “perciben” de manera subjetiva, en contra del género correspondiente al sexo biológico con el que nacieron, que, más que “asignado”, sería correcto decir “reconocido al nacer”.

En otras palabras, se está hablando de personas que se encuentran en “situación de transgénero”, la cual puede ser tan transitoria como tarden en resolver su “Disforia (enojo) de género”.

Es importante fijarnos que el mismo DSM V utiliza el término “incongruencia” para definir la “Disforia de género”. Por lo que podemos afirmar que cuando hay tal “incongruencia” difícilmente hay unidad, armonía y equilibrio; lo que suele darse en la persona es confusión, malestar, enojo ansioso o ansiedad agresiva.

Se dice, en cambio, que cuando en la persona hay coherencia y congruencia, hay una cierta armonía en su vida, que está relacionada directamente con su salud mental. Todo esto nos llevaría a preguntarles a esos grupos activistas ¿qué es en realidad lo que buscan al promover la transexualiad desde la primera infancia?

Continuará…

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