Entre birretes y aplausos, alumnos viven despedidas emocionales que marcan su crecimiento personal
Entre birretes y aplausos, alumnos viven despedidas emocionales que marcan su crecimiento personal

En mayo algunas escuelas de Yucatán inician preparativos entre birretes, fotografías familiares y aplausos. Las ceremonias de graduación marcan el cierre de ciclo con un logro académico, lo que conlleva un proceso emocional poco visibilizado, pero real: el duelo por dejar atrás una etapa de vida.

Aunque el término suele asociarse con la pérdida de un ser querido, en el ámbito de la psicología también describe la adaptación ante los cambios relevantes, incluso aquellos que implican un crecimiento.

Despedirse de la infancia, de la adolescencia o de una identidad construida en el entorno escolar puede generar una mezcla compleja de emociones: orgullo, nostalgia, incertidumbre e incluso miedo.

La psicoterapeuta Gladys Flores Ramos, máster en Desarrollo Humano, señala que estos momentos representan “pequeñas despedidas necesarias”, en las que el estudiante avanza, aunque también deja atrás vínculos, rutinas y formas de entenderse a sí mismo.

Las transiciones escolares suelen ser una sacudida emocional. El niño que egresa de primaria deja de ser el más pequeño; el adolescente que concluye la secundaria se despide de su niñez; los de preparatoria se enfrentan a decisiones que definirán su vida adulta.

En ese tránsito, es natural que surjan dudas, ansiedad o una sensación de vacío. Crecer, en ese sentido, también implica un reacomodo emocional. Durante la adolescencia, etapa de por sí cargada de cambios físicos, sociales y psicológicos, estas despedidas pueden sentirse con mayor intensidad.

La experta expone que en este proceso la familia juega un papel determinante, ya que tras las celebraciones se convierte en el principal sostén emocional. Por esa razón, escuchar sin juzgar, validar lo que el joven siente y evitar minimizar sus emociones son acciones fundamentales de los padres para acompañar la transición.

Advierte que no se trata de apresurar el entusiasmo por lo que viene, sino más bien dar espacio a la despedida, reconocer que un capítulo se cierra para que algo nuevo pueda comenzar.

La psicoterapeuta advierten que, aunque el duelo es una reacción natural, hay señales que pueden indicar dificultades en la adaptación: tristeza persistente, irritabilidad constante, aislamiento social, alteraciones en el sueño o un rechazo marcado hacia la nueva etapa. En estos casos, la intervención oportuna puede ser crucial para el bienestar emocional del estudiante.

A este panorama se suma el contexto de las nuevas generaciones, particularmente aquellas que atravesaron etapas clave de su formación durante la pandemia. Los cambios en la dinámica escolar, el aislamiento y la incertidumbre dejaron huellas que aún influyen en la manera en que los jóvenes se enfrentan a los procesos de transición.

Algunos presentan mayor ansiedad ante lo desconocido o dificultades para reconstruir vínculos, lo que puede intensificar el impacto emocional de una graduación.

Lejos de interpretarse como fragilidad, estas reacciones hablan de una generación más consciente de sus emociones, pero también más necesitada de un mayor acompañamiento.

En palabras de la especialista, el reto no es evitar el duelo, es aprender a transitarlo de manera saludable. Por ello, señala que las graduaciones también son un ejercicio íntimo de despedida. Porque cada etapa que se acaba deja una huella, y crecer, más que olvidar lo vivido, consiste en integrarlo para dar paso a lo que sigue.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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