Fósil de un homo sapiens
Fósil de un homo sapiens

BARCELONA (EFE).— El consumo de insectos entre los humanos modernos que habitaron Europa durante la prehistoria fue ocasional y accidental, a diferencia de los neandertales y de las poblaciones de regiones tropicales, donde estos animales formaban parte habitual de la alimentación.

Así lo concluye un estudio liderado por el Instituto de Biología Evolutiva (IBE), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y la Universidad Pompeu Fabra (UPF), publicado en la revista “Science Advances”.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores analizaron 745 muestras de cálculo dental de individuos que vivieron hace hasta 33 mil años. El sarro conserva restos de ADN de los alimentos consumidos con frecuencia, lo que permitió reconstruir parte de la dieta de estas poblaciones.

Los resultados mostraron que los habitantes del norte de Eurasia apenas practicaban la entomofagia y que los restos de insectos encontrados en su dentadura probablemente procedían de agua o alimentos contaminados. La investigación también examinó los genes relacionados con la producción de quitinasa, una enzima que ayuda a descomponer la quitina presente en el exoesqueleto de los insectos.

Los científicos identificaron mutaciones en las poblaciones del norte de Eurasia que disminuyen su capacidad para digerir este componente.

“La escasa presencia de insectos en la dieta del norte de Eurasia sugiere que la ausencia de entomofagia no responde únicamente a recientes factores culturales, sino también a una larga historia ecológica y evolutiva”, explicó Pablo Librado, investigador principal del IBE y líder del estudio.

En contraste, las poblaciones de regiones tropicales cercanas al ecuador conservaron variantes genéticas que favorecen una mayor producción de enzimas digestivas relacionadas con el procesamiento de insectos. Según los autores, esta diferencia estaría vinculada a la disponibilidad constante de especies como termitas y hormigas, que podían ser aprovechadas como fuente regular de alimento durante todo el año.

El análisis de 18 muestras de sarro dental de neandertales reveló una presencia de ADN de insectos mucho mayor que la observada en los Homo sapiens, comparable incluso a la de chimpancés occidentales que recurren a estos animales como complemento alimenticio.

Los restos más abundantes correspondieron a moscas y mosquitos, lo que sugiere el consumo frecuente de cadáveres de animales con larvas. “La abundancia de restos de mosquitos refuerza la posibilidad de que los cadáveres de sus presas permanecieran en charcas y zonas pantanosas, entornos idóneos en los que los insectos depositan sus huevos”, detalló Librado.

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