Con el objetivo de abrir espacios a las realizadoras y mostrar historias contadas desde distintas miradas, anteanoche se llevó al cabo una muestra de cortometrajes dirigidos por mujeres en la Cineteca del Teatro Armando Manzanero, actividad organizada por la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta).

Las cinco producciones, de carácter independiente y con temáticas diversas, permitieron al público acercarse a realidades, experiencias e identidades que suelen tener poca presencia en los circuitos comerciales.

Más que compartir un eje temático común, los trabajos destacaron por ofrecer distintas perspectivas y por invitar a reflexionar sobre la otredad y la diversidad de experiencias humanas.

Los cortometrajes fueron proyectados sin un orden específico, aunque el cierre de la velada estuvo reservado para el estreno de “Los XV de Rubi”, de Olinka Ávila Escárzaga. La cinta aborda la identidad de género a través de la historia de una persona que afronta los desafíos de no identificarse con el sexo asignado al nacer, así como el proceso de búsqueda y afirmación de su identidad.

Una de las producciones exhibidas fue “Cómo cuidar una planta”, de Sandra Trinidad. El cortometraje presenta la historia de un hombre solitario y enfocado en su trabajo que encuentra en el cuidado de una planta un pasatiempo inesperado.

Lo que comienza como una afición cotidiana termina desencadenando situaciones que transforman su vida. Aunque su directora la define como una comedia, la obra incorpora elementos de terror y aborda de manera indirecta problemáticas ecológicas presentes en Yucatán.

También se proyectó “Enraizarte”, de Regina Tobón, quien no pudo asistir a la función. Se trata de una propuesta de corte conceptual que explora la relación entre las flores y su entorno.

Otro de los trabajos presentados fue “Áaken, soy una tortuga”, de Alessandra Carrillo. El cortometraje sigue a Romina, una estudiante que trabaja en un restaurante mientras aprende lengua maya como parte de un taller escolar.

La joven se prepara para participar en un festival en el que se leerán poemas en maya, pero la presión del trabajo, las exigencias académicas y el acoso que sufre por parte de un compañero comienzan a afectar su estabilidad emocional.

La situación se intensifica cuando su abuela le relata una pesadilla recurrente que tenía durante su infancia, cuando únicamente hablaba maya. A partir de entonces, Romina comienza a experimentar sueños similares, en los que aparece constantemente Giovanni, el compañero que la hostiga en la escuela.

Durante la presentación, Carrillo explicó que la historia surgió de la combinación de dos elementos muy personales: su interés por la lengua y la cultura maya, y las experiencias de acoso escolar que vivió durante su adolescencia.

La muestra también incluyó “Cremita de coco”, de Martha Uc, un cortometraje que retrata la elaboración artesanal de este tradicional postre en el municipio de Sudzal. A través de la historia de Zendy, quien tiene tres hijos, la obra muestra cómo esta actividad es parte fundamental de su vida cotidiana y representa una importante fuente de ingresos para contribuir al sustento de su familia.

El cierre de la función estuvo a cargo de “Los XV de Rubi”, de Olinka Ávila Escárzaga, el estreno de la noche. El cortometraje aborda la identidad de género a través de la historia de Rubí, un joven trans apasionado del béisbol que prefiere escribir su nombre sin acento, como una forma de reafirmar quién es.

Aunque ambos padres conocen su identidad de género, las reacciones dentro de la familia son distintas. Mientras su padre procura apoyarlo, su madre insiste en organizarle una fiesta tradicional de XV años, vestirlo como mujer y presentarlo ante la sociedad como Rubi. Detrás de esta postura también se encuentra el deseo personal de la madre de vivir, a través de su hijo, una celebración que ella nunca tuvo oportunidad de experimentar.

Al finalizar la proyección, las cuatro directoras presentes compartieron detalles sobre sus respectivos proyectos y coincidieron en que uno de los principales retos fue condensar sus ideas en un formato de corta duración.

Asimismo, señalaron que, pese al tiempo transcurrido desde la realización de sus obras, no modificarían los finales de sus cortometrajes, aunque reconocieron que harían algunos ajustes para mejorar sus procesos de producción.— PABLO MAY PECH

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