Cientos de fieles participaron ayer en la celebración del Divino Niño Jesús en el Santuario Diocesano ubicado en la parroquia de Cristo Rey y Santa María de Guadalupe, en el fraccionamiento Fidel Velázquez, donde depositaron sus intenciones, agradecimientos y peticiones.
La jornada formó parte de las actividades del Congreso de Laicos del Divino Niño Jesús, una devoción arraigada en Latinoamérica cada 20 de julio.
La misa matutina fue presidida por el presbítero Manuel Medardo Silva Núñez, colaborador del templo.
Conforme avanzó la misa, el recinto se llenó de personas de todas las edades que acudieron con fe a visitar al Divino Niño Jesús. Algunos llevaron imágenes religiosas, crucifijos, estampas y recipientes con agua para recibir la bendición.
Durante la homilía, el sacerdote subrayó que la fe cristiana no debe fundamentarse en la búsqueda de milagros o manifestaciones extraordinarias. “Jesús no es mago. No hay ese Jesús mágico. Jesús es aquel que alimenta nuestra vida y nuestra fe”, expresó.
Recordó que la Eucaristía es, ante todo, una acción de gracias a Dios por los dones recibidos y llamó a los presentes a valorar la oportunidad de reunirse como comunidad, escuchar la Palabra y reconocer los beneficios que Dios concede en la vida cotidiana.
Al reflexionar sobre el Evangelio del día, explicó que Jesús rechazó conceder las señales prodigiosas que le exigían los fariseos y escribas para creer en Él. Señaló que el pecado de adulterio mencionado en el pasaje evangélico representa la ruptura de la alianza con Dios, además de la transgresión de sus mandamientos.
El sacerdote indicó que también en la actualidad muchas personas buscan signos extraordinarios para fortalecer su fe, cuando el verdadero creyente debe acercarse a Dios con confianza, incluso antes de recibir aquello que pide.
Invitó a los fieles a presentar al Señor sus necesidades con sencillez, ya sean enfermedades, problemas económicos, dificultades familiares o cualquier otra preocupación, pero sin reducir la fe únicamente a la espera de milagros.
Explicó que Jesús vivió como cualquier ser humano, trabajó, afrontó dificultades y nunca convirtió su misión en un espectáculo. Por ello, exhortó a descubrir la presencia de Dios en la vida ordinaria, en el trabajo, la familia y las circunstancias de cada día.
También recordó las palabras de San Pablo a la comunidad de Corinto, al señalar que, aun teniendo dones y carismas, si no existe el amor, todo lo demás pierde sentido.
Finalmente, invitó a ofrecer a Dios la vida tal como se presenta, con alegrías y sufrimientos, sin ocultar las preocupaciones durante la oración.
“Presentémonos ante el Señor con nuestra realidad. El mayor milagro para los cristianos es la muerte y la resurrección de Jesucristo”, afirmó.
Durante la celebración fue colocada la imagen de la Virgen de la Dulce Espera junto a la del Divino Niño Jesús.
Al concluir la misa se bendijeron imágenes religiosas, niños y recipientes con agua. Posteriormente se realizó el corte del pastel conmemorativo, que se repartió entre los asistentes.
Varios fieles permanecieron de rodillas frente a las imágenes del Divino Niño Jesús y de la Virgen, mientras otros participaron en las oraciones por los enfermos organizadas por los servidores del santuario.
Las actividades del Congreso de Laicos continuaron por la tarde con una procesión con la imagen del Divino Niño Jesús, una segunda celebración eucarística y el corte de otro pastel como parte de la festividad.— Claudia Sierra Medina


