Entre las grandes proezas militares de todos los tiempos, el legendario cruce de los Alpes realizado por Aníbal Barca en el año 218 antes de Cristo ocupa un lugar privilegiado. Esta campaña no solo representa un notable desafío logístico y estratégico, sino también un extraordinario ejemplo de liderazgo al mantener unido a un ejército multinacional frente a obstáculos que se consideraban insuperables.
Durante más de dos milenios, historiadores, militares y estrategas han estudiado esta campaña como una de las más audaces operaciones jamás emprendidas. Uno de los puntos más controvertidos de las investigaciones es la ruta seguida por Aníbal, en lo cual los investigadores aún no parecen ponerse de acuerdo.
La importancia de esta hazaña no radica únicamente en el hecho de atravesar una de las cadenas montañosas más difíciles de Europa. Su verdadero significado reside en haber transformado completamente el equilibrio estratégico de la Segunda Guerra Púnica.
Cuando inició la campaña en Cartago, Aníbal disponía aproximadamente de 90,000 soldados de infantería, unos 12,000 jinetes y alrededor de 37 elefantes de guerra. El recorrido hasta los Alpes implicó continuos combates, deserciones y la necesidad de dejar guarniciones en distintos puntos del trayecto.
Al llegar al pie de los Alpes, Aníbal contaba con 47,000 hombres y los 37 elefantes. Se sabe que cruzó la cordillera en 15 días, recorriendo aproximadamente 1,000 kilómetros a marchas forzadas después que dejó España. Pero no se conoce con exactitud cuál de los pasos disponibles sobre los Alpes utilizó.
La mayoría de los debates sobre la travesía de Aníbal se han basado en consideraciones de carácter histórico y geológico, sin tener en cuenta la biología de los hombres y los animales.
Recientemente un equipo de investigadores de Alemania, Inglaterra y Kenya realizaron un cuidadoso estudio donde calcularon los costos energéticos que debió generar el ejército de Aníbal por cada uno de los cruces disponibles de los Alpes. El cálculo no incluye los costos energéticos indirectos, como la búsqueda, el transporte y la distribución de alimentos, ni tampoco tiene en cuenta a los cuidadores de elefantes ni al personal no militar.
La conclusión de los investigadores es que la ruta óptima debió de ser El Cruce de la Traversette, que desemboca directamente al valle del río Po.
Este trabajo, que cierra una larga controversia sobre la ruta seguida por Aníbal durante su gloriosa campaña, está disponible en la biblioteca digital de la UNAM a través del vínculo https://doi.org/10.1073/pnas. 2612764123.
Investigador del Cephcis de la UNAM.
