A 40 años de haber recibido la ordenación sacerdotal, el padre Alejo Huchim Kumul asegura que conserva intacta la motivación y el deseo de servir a Cristo, a quien considera que lo llamó para ser su discípulo y servidor.
Para el sacerdote, estos 40 años han estado marcados por una constante: la decisión de preferir a Cristo y, con ello, renunciar a otras posibilidades.



Esa decisión comenzó desde que ingresó al seminario, cuando tuvo que elegir entre distintas opciones para formarse como sacerdote.
A lo largo de su ministerio, señala, ha mantenido esa misma preferencia.
El padre Alejo también tuvo la oportunidad de desempeñarse como docente durante 15 años, pero afirma que siempre tuvo claro que su vocación sacerdotal estaba por encima de otras posibilidades profesionales.
“Esa preferencia el sacerdote la va llevando toda su vida, al estar prefiriendo y renunciando”, señala.
Al recordar sus primeros años como sacerdote, considera que una de las tareas que ha tenido que asumir en las diferentes comunidades es la construcción de la Iglesia en un doble sentido: material y espiritual.
Su primera parroquia fue Nuestra Señora de la Consolación de Utrera, en Chichimilá, donde permaneció siete años. Ahí, dice, tuvo esa doble misión.
Uno de los datos que destaca es el número de confirmaciones que se realizaron durante su estancia en esa parroquia. También recuerda que uno de sus objetivos en las diferentes comunidades ha sido evitar dejar deudas a los sacerdotes que llegan después.
En Chichimilá atendía alrededor de 11 comunidades, algunas de ellas ubicadas en caminos que en aquella época eran de terracería y en los que incluso había que abrir brecha para poder llegar.
Entre los recuerdos que conserva de sus primeros años está la organización de la fiesta de San Francisco de Asís en Chichimilá, una actividad que realizó con el objetivo de obtener recursos para la parroquia.
“Me volví empresario, creo”, bromea al recordar aquella época.
Cuenta que organizó la fiesta en honor de San Francisco de Asís, que se celebra el 4 de octubre, y que incluso llegó a participar en la organización de las corridas de toros. Aclara que él no toreaba, pero sí era quien daba la orden para soltar los toros con su corneta.
Son experiencias que ahora, cuatro décadas después, le permiten dimensionar el esfuerzo realizado y los frutos que dejaron esas acciones.
Al hablar del 7 de octubre de hace 40 años, fecha de su ordenación sacerdotal, el padre Alejo recuerda especialmente el momento en que vio cumplida una oración que repetía cuando todavía era seminarista.
Cuando acudía a la Catedral para presenciar alguna ordenación, levantaba la mirada hacia el Santo Cristo y le preguntaba cuándo llegaría su turno.
“Lo miraba y le decía: ‘Señor, a mí ¿cuándo me toca?, ¿cuándo subiré yo a Jerusalén para ser ordenado?’”, recuerda. Finalmente, el 7 de octubre, a las 7 de la noche, llegó ese momento.
Su padrino de ordenación fue el padre Pedro Petrucci, entonces párroco de San Sebastián, a quien recuerda con especial cariño.
“Le tengo mucho aprecio, mucho cariño al padre Pedro Petrucci, que fue mi padrino de ordenación de diácono y mi padrino de ordenación de sacerdote”, comenta.
También recuerda con gratitud a su familia y, especialmente, a su abuela, quien le enseñó a rezarle al Santo Cristo de Amor y contribuyó al nacimiento de esa devoción en su vida.
Aunque han pasado 40 años desde su ordenación, el sacerdote afirma que no siente el peso del tiempo.
“Pienso como que fue ayer que me ordenaron. No siento muy lejano el tiempo”.
Explica que cada lugar, cada parroquia y cada etapa de su formación sacerdotal han representado encuentros con Dios y oportunidades para aprender.
“Cada momento, cada instante, cada año, cada parroquia ha sido siempre algo nuevo para mí. Pero sigue siendo el mismo pueblo de Dios”, expresa.
Y reconoce que el aprendizaje no ha sido solamente de los sacerdotes hacia la comunidad, sino también de la comunidad hacia el sacerdote. “Nosotros vamos enseñando, pero también vamos aprendiendo de la gente. La gente me va enseñando mucho”, afirma.
A lo largo de sus 40 años de ministerio, el padre Alejo ha desempeñado diversos cargos pastorales.
Actualmente es administrador de la rectoría de Santa Lucía, participa en el Movimiento de Cursillos de Cristiandad y desempeña otras responsabilidades como estar al frente del apostolado Llama de Amor.
A los jóvenes que sienten inquietud por seguir el camino sacerdotal, el padre Alejo les pide no dejarse vencer por el miedo.
Considera que el miedo puede paralizar, pero sostiene que cuando Dios llama a una misión también proporciona las herramientas necesarias para responder.
“No siempre te va a pedir más de lo que tus fuerzas puedan dar. Siempre te da lo que tú necesitas”, afirma.
Además del sacerdocio, la docencia ha sido una parte importante de su vida.
Durante 15 años ejerció como maestro, una experiencia que, asegura, también enriqueció su ministerio.
Su interés por la educación nació de su propia experiencia como estudiante y de los maestros que tuvo durante su formación sacerdotal.
Para el sacerdote, la ciencia y la fe no están enfrentadas. Considera que el conocimiento y el razonamiento pueden ayudar a comprender mejor la fe.
Este miércoles, a las 6 de la tarde, el padre celebrará sus 40 años de ordenación sacerdotal con una misa en la rectoría de Santa Lucía.
Para él será una oportunidad para agradecer a Dios por cuatro décadas de bendiciones.— Santiago Cortés
