Si hubiera que describir en una sola palabra el concierto que la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) ofreció anteayer esa sería gozoso. Acompañada del Coro de Cámara de Yucatán, de la Sedeculta, y el Coro Infantil U K’aay Paalal, la agrupación llevó al público por un viaje operístico marcado por el amor, la tristeza, el dolor, la tragedia y los celos, entre otras emociones.
La OSY y los coros mantuvieron cautivados a los asistentes que se dieron cita en el Palacio de la Música, durante un programa que exaltó el papel de las voces corales en la ópera.
Para la ocasión, el director artístico de la Orquesta, Alfonso Scarano, seleccionó nueve óperas que permitieron explorar la amplia gama de sentimientos y situaciones dramáticas propias del género lírico.
Esta vez, la experiencia con la OSY no se limitó a las emociones que despierta la música instrumental, pues las voces de adultos y niños aportaron una dimensión narrativa y expresiva a varias de las obras elegidas.
Ante un auditorio repleto, el concierto comenzó con el Preludio de “Cavalleria rusticana”, de Mascagni. Al dirigir la mirada hacia los instrumentistas, llamó la atención el lazo rosa que portaba cada uno en sus sacos y vestidos, como muestra de solidaridad con la lucha contra el cáncer de mama y las campañas de prevención y concienciación que gobiernos y asociaciones promueven durante octubre.
La música pronto acaparó la atención del público. Desde sus primeros pasajes, el Preludio de “Cavalleria rusticana” evocó el ambiente de un pueblo siciliano y anticipó el carácter apasionado y trágico de la historia.
Primera intervención
Siguió “Los naranjos perfuman (Gli aranci olezzano)”, que marcó la primera intervención del Coro de Cámara de Yucatán de la Secretaría de la Cultura y las Artes, bajo la dirección del maestro Jonathan Rentería Valdés. Sus 40 integrantes dieron vida a este fragmento, en el que representaron al pueblo siciliano y expresaron la alegría de la celebración de la Pascua.
Las voces se integraron de manera equilibrada con la Orquesta y tuvieron una presentación cautivadora.
Esta sección concluyó con el Intermedio de la célebre ópera italiana, una de las piezas más conocidas del repertorio lírico.
El programa continuó con la obertura de “La urraca ladrona (La gazza ladra)”, de Rossini, interpretada con energía e intensidad, antes de dar paso a “Madama Butterfly”, de la que se escucharon el Interludio del segundo acto y el coro “A boca cerrada”.
La pieza instrumental estuvo cargada de fuerza emocional, mientras que las voces del coro, apenas perceptibles como un murmullo, transmitieron soledad, incertidumbre y esperanza.
Así contribuyeron a crear la atmósfera de la escena en la que Butterfly aguarda el regreso de su amado.
La primera parte del concierto cerró con “Lohengrin”, de Wagner, de la que se interpretaron el Preludio, fragmentos de los actos primero y tercero, y el coro de la Marcha Nupcial.
Espiritualidad, delicadeza, misterio, dinamismo y brillantez se conjugaron en estas interpretaciones. Sin embargo, fue la Marcha Nupcial la que despertó mayor emoción, con su reconocida melodía y el acompañamiento de las voces femeninas y masculinas, que realzaron la solemnidad del momento.
Tras el intermedio, la OSY retomó el programa con “La Traviata”, de Verdi, de la que interpretó los preludios de los actos primero y tercero, así como el coro de las Gitanas y Matadores.
En el primer Preludio, la Orquesta evocó fragilidad mediante pasajes de gran delicadeza, mientras que en el segundo predominó una atmósfera melancólica, con una instrumentación que por momentos parecía desvanecerse en un suspiro.
El Coro de Cámara se incorporó en el último fragmento, en el que contrastaron el carácter ligero y juguetón de las gitanas con la energía y el aire marcial de los matadores.
De la ópera “Norma” se escucharon la Obertura, caracterizada por sus extensas líneas melódicas y contrastes, y el coro “¡Guerra, guerra!”, cuya intensidad y fuerza vocal permitieron el lucimiento de los cantantes.
La participación del Coro de Cámara fue uno de los atractivos de la velada, al intervenir en ocho de las nueve óperas seleccionadas.
“Carmen”, de Bizet, contó con la participación de U K’aay Paalal (El Canto de los Niños), del Centro Cultural de la Niñez Yucateca, también perteneciente a la Sedeculta y dirigido por el maestro Raúl Morales Macip. Los pequeños interpretaron “Avec la garde montante”, que recrea de manera juguetona un ambiente militar, con niños que imitan a los soldados que cruzan una plaza de Sevilla.
Sus voces dulces y candorosas reflejaron el intenso trabajo de preparación para cantar la obra en francés, un idioma que no dominan. Su intervención fue recompensada con numerosos aplausos. De “Carmen”, la Orquesta también interpretó los preludios del primero al cuarto actos. Destacó el tercero, en el que los arpegios del arpa, a cargo de Alejandra de Ita, y el lirismo de la flauta, interpretada por Joaquín Melo, regalaron un momento sublime.
La Orquesta se sumó con delicadeza antes de dar paso al ambiente festivo del Preludio del cuarto acto.
El recorrido operístico prosiguió con el coro de gitanos de “Il Trovatore”, de Verdi. Para finalizar, la OSY interpretó la obertura y los coros “Los festivos adornos” y “Vuela, pensamiento” de “Nabucco”, también de Verdi. El carácter solemne, dramático y enérgico de estas piezas dio al concierto un cierre memorable. La fuerza vocal y expresividad del Coro de Cámara de Yucatán contribuyeron a la culminación de una velada en la que las voces y la Orquesta mostraron el poder cautivador de la ópera.— Iris Ceballos Alvarado
