




CIUDAD DE MÉXICO (Por Iris Ceballos Alvarado enviada del Diario).— La majestuosidad del Palacio de Bellas Artes creó el ambiente, la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) la música, y en este marco se creó la expectativa de un concierto que acabó por conquistar a la audiencia, con momentos únicos y especiales como la participación del virtuoso violinista Kerson Leong, en la interpretación del Concierto para violín No.1 de Paganini, y el reestreno contemporáneo de la Sinfonía De las Américas del yucateco Daniel Ayala Pérez.
Con 22 años de historia la OSY sigue creando memorias extraordinarias como lo fue el concierto que ofrecieron anteayer en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México, ante un público que prácticamente llenó el recinto, y se mostró receptivo a las interpretaciones de la orquesta.
El repertorio y el solista invitado que acompañó a la agrupación sinfónica pusieron la expectativa muy alta, ya que el Concierto de Paganini es uno de los más famosos para el instrumento y demanda un gran virtuosismo, y en este tenor fue la presencia de Kerson Leong, violinista canadiense considerado uno de los mejores en el panorama global actual de la música.
Por si fuera poco, por primera vez la OSY interpretó en Bellas Artes la obra de un yucateco, Daniel Ayala Pérez, como parte del reestreno de esta pieza, que llevaba sin tocarse más de 70 años, y que, como se sabe, la orquesta reestrenó en septiembre pasado en el Palacio de la Música, en el primer programa de la temporada de conciertos septiembre-diciembre. Y la cereza del pastel fue la Suite No. 1 y 2 de Romeo y Julieta de Prokofiev.
Noche de emociones
Los integrantes de la OSY y Alfonso Scarano, director artístico titular, fueron recibidos con los acostumbrados aplausos de bienvenida, y enseguida apareció el solista Kerson Leong, que con su sola presencia provocó las primeras aclamaciones del público, y tras unos segundos la experiencia comenzó.
No hubo entrada, la orquesta inició directamente con un plato fuerte, Paganini, y Leong dio cátedra del instrumento al sacar del violín los más bellos sonidos.
Fue el debut del joven y destacado violinista en México, quien ya se ha presentado en prestigiosas salas en varios países.
Consciente de sus capacidades Leong se plantó en el escenario con confianza, se le vio cómodo, y en el primer movimiento del Concierto para Violín No. 1 de Paganini, dejó ver su técnica como solista que fluyó de manera natural.
La sucesión de notas rápidas que exige el concierto fueron abordadas con definición, mientras los dedos de la mano izquierda del solista “atacaban” la cuerda con gran velocidad y precisión.
El músico usó nada más y menos que un violín Guarneri del Gesú de 1741, cuyo sonido es rico, de gran potencia y proyección, y que mejor que un instrumento de hechura italiana para interpretar a Paganini.
Los momentos de delicadeza y de mayor intensidad de este primer movimiento se disfrutaron plenamente, al igual que los pasajes de dobles cuerdas, y entonces llegó el momento de la cadenza, del lucimiento o hundimiento del intérprete.
Leong tocó la cadenza más afamada y popular, la de Émile Sauret. La Orquesta se quedó en pausa, y el violinista obsequió a la audiencia un momento sublime, con el Guarneri expresando en notas musicales todo el sentimiento y la belleza que es posible con el violín, mostrando gran dominio instrumental, y dejando la pauta perfecta para retomar la pieza junto con la orquesta.
En el segundo movimiento la expresividad del violín creó una atmósfera de intimidad, de melancolía, con notas de gran intensidad y belleza, logrados también a partir del acompañamiento orquestal. El tercer movimiento de carácter vivaz, devolvió protagonismo al virtuosismo, con pasajes de gran dificultad, que el canadiense abordó con agilidad y precisión, para culminar con gran energía.
No terminaba de resonar la última nota cuando el público ya ovacionaba al violinista, “bravo, bravo” se escuchó exclamar a varios integrantes de la audiencia, los aplausos no cesaban, el público se puso de pie, mientras Kerson Leong agradecía las muestras de reconocimiento a su trabajo musical con reverencias.
En un gesto de sencillez, una de las primeras cosas que hizo el violinista al concluir su participación fue aplaudir el mismo a la orquesta, a su acompañamiento, y estrechó las manos del director y del concertino, Christopher Collins.
Dos veces salió y entró del escenario, pues las ovaciones no cesaban, y entonces ofreció un doble encore, ya que después de la primera pieza en solitario, de nuevo fue ovacionado y regresó para interpretar una última obra. Las piezas que tocó fueron “Recuerdos de la Alhambra” y un fragmento de la Sonata No. 3 de Bach.
Ayala en Bellas Artes
Con las emociones a flor de piel llegó un breve intermedio, para luego retomar el concierto, con la interpretación de la OSY de la Sinfonía de las Américas del yucateco Daniel Ayala Pérez, como homenaje por los 120 años de su natalicio.
Fue el regreso de una obra de Ayala Pérez a la capital donde esta pieza se tocó el 19 de agosto de 1955, justamente en el Palacio de Bellas Artes. De manera que 71 años después se interpreta de nuevo en el recinto, siendo además la primera vez que la OSY toca en este emblemático sitio la obra de un yucateco.
Como se recordará la Sinfónica de Yucatán se ha presentado otras dos veces en ese espacio cultural, en 2005, cuando participó en la ópera Yuzuru en 2005, y el 28 de mayo de 2015 ofreciendo un concierto.
La obra de Daniel Ayala, interpretada por la OSY previamente en Mérida, se sintió diferente en el Palacio de Bellas Artes, el sonido de cada una de las secciones de instrumentos se notó de manera más clara, y la acústica del lugar permitió que diera una sensación de mayor profundidad.
La pieza puso de manifiesto las habilidades del compositor para usar los recursos de la orquesta, y la OSY supo, como ya sabíamos, expresar la identidad sonora que Ayala plasma en esta obra, que contiene mucho de mexicanidad, sin olvidarse de la cultura maya. El público mostró su agrado a esta obra con sus aplausos.
Al concierto en el Palacio de Bellas Artes asistieron Patricia Martín Briceño, Secretaria de la Cultura y las Artes; Margarita Molina Zaldívar, presidenta del Patronato de la OSY; Pablo Maya, director de la Figarosy; José Areán, quien fue director artístico interino de la OSY por dos años; y también se vio a Marco Antonio de Regil, quien es un asiduo acompañante de los conciertos de la Orquesta en Mérida.
Para el cierre de la presentación la Sinfónica interpretó la Suite de Romeo y Julieta de Prokofiev, y al igual que lo hicieron en Mérida, el director Scarano, optó por presentar la Suite No. 1 y 2, pero no en el orden en el que las creó el compositor, sino en un orden al estilo de la Royal Philharmonic Orchestra.
El famoso ballet que es parte del repertorio mundial dejó sentir un cúmulo de emociones. Romanticismo, tensión, dramatismo, tragedia, desolación se convirtieron en expresión musical, haciendo transitar a la audiencia entre ritmos contrastantes.
La obra permitió el lucimiento de la Orquesta que al concluir su interpretación recibió largos aplausos con el público de pie, las exclamaciones de agrado incluyeron “bravos” y hasta chiflidos.
Así, la agrupación demostró que al final las grandes composiciones son sólo una partitura hasta que alguien, una orquesta, las toca, y las hace brillar como lo hizo la noche del sábado la OSY.
