El papa Francisco al celebrar su misa matutina en el Vaticano

El Papa lamenta que se explote a los migrantes

CIUDAD DEL VATICANO (EFE).— El papa Francisco realizó ayer un llamamiento para que en este momento de crisis se dé “dignidad” a todos los trabajadores e hizo referencia a la explotación de los trabajadores del campo, muchos de ellos migrantes, en un momento en el que el gobierno de Italia debate sobre la posible regularización de estos últimos.

Tras la audiencia general, que debido a la pandemia se celebra sin fieles en la biblioteca del palacio apostólico, Francisco señaló que con motivo del 1 de mayo recibió varios mensajes referentes al mundo del trabajo y a sus problemas.

“En particular, me llamó la atención la de los trabajadores agrícolas, incluidos muchos inmigrantes, que trabajan en el campo italiano. Desafortunadamente, muchas veces son duramente explotados”, afirmó.

“Es cierto que todos están viviendo una crisis, pero siempre se debe respetar la dignidad de las personas. Así que agradezco el llamamiento de estos trabajadores y de todos los trabajadores explotados, e invito a hacer de la crisis una ocasión para volver a poner en el centro la dignidad de la persona y del trabajo”, indicó el líder de la Iglesia católica.

Esta palabras las pronunció el Papa en un momento en el que en Italia se debate la posibilidad de regularizar a cerca 600,000 migrantes, sobre todo temporeros, y también cuidadoras y personal de limpieza.

El papa Francisco dedicó su catequesis de ayer a la oración y pidió que en estos “momentos difíciles en los que vivimos, es importante descubrir la oración en nuestra vida”.

Por otra parte, El Pontífice aprobó simultáneamente el decreto que reconoce las “virtudes heroicas”, primer paso para la beatificación, del español, nacido en Lérida, Francesco Barrecheguren (1981-1957) y su hija Concepción, nacida en Granada (1905-1928).

Francisco firmó varios decretos de causas de beatificación, entre ellos el de los dos españoles, informó ayer el Vaticano.

El camino hacia la santidad tiene varias etapas: la primera es ser declarado venerable siervo de Dios, la segunda beato y la tercera santo.

Venerable Siervo de Dios es el título que se da a una persona muerta a la que se reconoce “haber vivido las virtudes de manera heroica”.

Para que un venerable sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión y para que sea canonizado, hecho santo, se precisa un segundo milagro obrado por intercesión después de ser proclamado beato.

Barrecheguren Montagut, tras perder a su mujer y a su hija, se hizo sacerdote a los 68 años de la Congregación del Santísimo Redentor; nació en Lérida (España) el 21 de agosto de 1881 y murió en Granada (España) el 7 de octubre de 1957.

Al quedar huérfano muy pequeño y sin familia en Lérida, sus tíos lo llevaron a Granada, donde vivirá toda su vida.

En 1945, después de haber donado parte de sus bienes a la Congregación de los “Esclavos de la Eucaristía”, el Siervo de Dios creó el Mecenazgo de las Escuelas “Conchita Barrecheguren”, una asociación destinada a la enseñanza de niños pobres.

Posteriormente, a la edad de 65 años, ingresó en la Congregación del Santísimo Redentor, y el 25 de julio de 1949 fue ordenado sacerdote y vivió sus últimos años a disposición principalmente de los enfermos y los ancianos, según la biografía proporcionada por el Vaticano.

Su hija Concepción Barrecheguren y García nació en Granada (España) el 27 de noviembre de 1905 y murió allí el 13 de mayo de 1927.

Desde la infancia, manifestó salud precaria debido a una enterocolitis muy aguda y por ello sus padres decidieron no dejarla asistir a ninguna escuela de la ciudad, convirtiéndose en sus educadores.

A muy temprana edad sintió la llamada a la vida religiosa, deseando convertirse en carmelita, pero no pudo debido a la enfermedad y murió en Granada (España) el 13 de mayo de 1927, a la edad de 22 años.

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