Los invitados esperan la llegada del Gran Duque Jorge de Rusia y de Victoria Romanovna en la catedral de San Isaac de San Petersburgo

Jorge de Rusia, el heredero de un trono que no existe

Hubo pompa dentro de la catedral de San Isaac, y un coctel y una recepción para los invitados, pero en las calles de San Petersburgo los fastos zaristas fueron mucho más modestos.

Muy pocos habitantes de la antigua capital zarista sabían de la ceremonia y las únicas carretas con caballos que se pudieron ver estaban estacionadas a la entrada de la iglesia, pero no esperaban a la realeza, sino a los turistas. Jorge Mijáilovich y Rebecca Bettarini, que se comunican en español —él nació en Madrid—, se conocieron cuando eran adolescentes y llevan una década juntos, primero en Bruselas y ahora en Moscú.

Ahijado del rey emérito Juan Carlos I, el gran duque es hijo de María Románova y Francisco Guillermo de Prusia. Tiene parentesco con las principales casas reales de Europa.

El zarévich no es descendiente directo del último zar, ya que su abuelo Kiril I, que asumió el trono en el exilio en 1924, era primo hermano de Nicolás II y nieto de Alejandro II.

La novia, quien vivió cuatro años en Venezuela, motivo por el que habla español, aseguró a la agencia EFE antes de la boda que ellos se casaban por amor y no porque alberguen ambiciones de poder.

Los Románov —una familia de nobles moscovitas que recibió un territorio débil, atrasado, aislado del resto de Europa y en estado de anarquía— supieron convertir a Rusia en un gran imperio euroasiático.

Desde la abdicación de Nicolás II, San Petersburgo dejó de ser la capital del país a favor de Moscú y el trono se encuentra ahora en el Kremlin.

 

Catedral San Isaac

La catedral es un museo los 365 días del año y cerró sus puertas ayer desde las 2 p.m.

Constructores

El templo fue construido por el francés Auguste de Montferrand con la colaboración del ingeniero español Agustín de Betancourt.

Ciudad de Putin

San Petersburgo, ciudad natal del presidente ruso, Vladímir Putin, no veía un evento de este calibre desde que dejó de ser la capital del Imperio ruso tras la Revolución Bolchevique de 1917.

Ausencias

Se echó de menos a representantes de algunas monarquías como la española o inglesa, pero el coronavirus dificultó su presencia o les facilitó una excusa, dadas las tensiones políticas entre Moscú y Bruselas.

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