Roberto Rodríguez Asaf (izquierda) y Mauricio Sahuí Rivero coincidieron como diputados locales en el período 2010-2012. En la imagen también se ve

En opinión del analista político Antonio Salgado Borge, la salida de Roberto Rodríguez Asaf de la Secretaría General de Gobierno y su incorporación al equipo de precampaña de Mauricio Sahuí Rivero, precandidato del PRI a la gubernatura del Estado, pueden ser interpretadas como un interés del gobernador Rolando Zapata Bello por controlar directamente la campaña política priista por medio de un hombre de confianza.

“Lo más probable es que el gobernador haya sido quien decidió enviar a Roberto Rodríguez a la campaña de Mauricio Sahuí”, indica. “Si fuera el caso, estaríamos ante una mancuerna análoga a la dupla Nuño-Meade. Entonces, uno tendría que preguntarse con qué grado de autonomía contará el candidato priista a la gubernatura del Estado”.

El maestro en Estudios Humanísticos y en Filosofía señala que esa sombra de duda sería más tenue si alguien más cercano a Sahuí Rivero fuera el coordinador de su campaña, aunque también habría que preguntarse si en el círculo cercano al precandidato hay alguien con el perfil adecuado para desempeñar esta función.

“Una posibilidad adicional es que, tal como ellos insisten, el círculo de Sahuí sea básicamente el mismo que el círculo de Rolando”, añade. “En cualquier caso, para Mauricio Sahuí es imperativo proyectarse como un hombre que, además de técnicamente preparado, es capaz de moverse a sí mismo. Un candidato a gobernador que no muestra independencia es un candidato débil”.

Antonio Salgado, quien está cursando un doctorado en Filosofía en la Universidad de Edimburgo, Escocia, y es editorialista del Diario, responde con esos conceptos a preguntas relacionadas con el reajuste en el gabinete de Zapata Bello por las salidas de Mauricio Sahuí —era el secretario de Desarrollo Social— y Roberto Rodríguez.

En el caso específico del ex secretario de Gobierno dice que el movimiento puede tener una lectura desde al menos dos ángulos.

El primero, subraya, es el deseo de repetir el avasallador éxito de la campaña de Rolando Zapata en 2012.

“Recordemos que, a pesar del descrédito del gobierno de Ivonne Ortega, en la pasada contienda por la gubernatura el PRI se impuso sin mayor complicación y su maquinaria pareció funcionar, en todos los terrenos, con una gran eficiencia”, añade. “En buena medida esto se debió a que Rodríguez Asaf supo reconstruir algunos de los puentes que echó abajo la exgobernadora, particularmente con sectores de la sociedad que fueron agredidos o despreciados durante aquel quinquenio”.

“En este sentido, el papel asignado a Rodríguez Asaf buscaría emular el de 2012, pues ahora el reto del PRI local será convencer a los yucatecos de poner entre paréntesis su opinión del actual gobierno federal y votar por su candidato a la gubernatura”, continúa el exdirector de la Escuela de Administración, Mercadotecnia y Turismo de la Universidad Marista. “Además, debido a que Mauricio Sahuí empieza con el reto de distanciarse en los hechos de Ivonne Ortega, no parece descabellado suponer que con la inclusión de Rodríguez Asaf se busque repetir parte del blindaje construido hace seis años”.

El maestro Salgado señala que el segundo ángulo desde el cual se puede leer el movimiento de Rodríguez Asaf tiene que ver con su clara cercanía con el gobernador.

“Es bien sabido que este sexenio empezó con Rodríguez Asaf como uno de los dos pilares —el otro es Víctor Caballero— en los que Rolando Zapata depositó toda su confianza”, apunta. “De estos dos pilares sólo el primero parece haber llegado en pie a 2018. Esto significa que el gobernador ha querido controlar directamente la campaña mediante un hombre de su confianza que le ha sido fiel y, al menos a sus ojos, le ha dado resultados”.

No obstante, advierte que esto no garantiza que la fórmula que funcionó hace seis años tenga éxito de nuevo, pues en aquel entonces Rodríguez Asaf era una figura relativamente fresca en Mérida y ahora llega desgastado por el Proyecto Escudo y por concentrar algunas de las más sensibles decisiones del gobierno.

Además, prosigue, hay un antecedente: el gobierno de Rolando Zapata no rompió con el ivonnismo, le permitió seguir operando algunos cotos y no castigó la corrupción del gobierno anterior.

“Por si esto no fuera suficiente, el desprestigio de Peña Nieto, la segura derrota del PRI en la elección presidencial y la competitividad renovada del PAN representan una cuesta inclinada a la que el PRI yucateco no tuvo que enfrentarse en 2012”, señala. “Esto significa que el PRI local tendrá que hacer mucho más que hace seis años. Y para ello se requieren al menos tres cosas: 1) propuestas serias y con visión de mediano y largo plazo, 2) el anuncio anticipado de un gabinete poblado por individuos respetados y profesionalmente acreditados y 3) la ruptura con usos y costumbres justificadamente asociados con el PRI y algunos de sus gobernadores, principalmente la corrupción. Es decir, si la fórmula priista de 2012 no se adapta a los tiempos, podría terminar por ser insuficiente”.

En otro lugar de esta página nos referimos a más puntos de vista del maestro Salgado sobre el movimiento de Rodríguez Asaf y su relevo por Martha Góngora Sánchez.— ÁNGEL NOH ESTRADA

 

El cambio Contenido

Opinión sobre el impacto de la incorporación de Rodríguez Asaf a la precampaña priista.

Que no sean pretexto

El funcionario, manifiesta Antonio Salgado, se ha dado a conocer por su proyecto de seguridad y por su vinculación empresarial. “Ambos temas son importantes, pero sería un grave error que el PRI yucateco, como hará el PRI nacional, busque hacer campaña con base en la promesa de seguridad o desarrollo económico y relegue temas como la contaminación o escasez del agua —“que tendría que ser la primera prioridad si queremos un Estado habitable a mediano o largo plazo”—, la justicia cotidiana o las violaciones a derechos humanos. Esto no significa que la seguridad y la inversión no deban ser temas, sino que no se les debe usar como pretexto para no abordar problemas apremiantes”.