José Coba Tun

El chocolate casero, una “sabrosa y espumosa” bebida arraigada en el gusto de los yucatecos de antaño, se resiste a retirarse de las mesas de los hogares, dicen conocedores y partícipes de la tradición, como el maestro, escritor y cronista Jorge Humberto Álvarez Rendón, y el gerente general de la empresa 100% yucateca “Chocolate Imperial”, Joaquín Carrillo Carrillo.

“Aún persiste la tradición por el chocolate, pero cada vez menos”, sentencia Carrillo Carrillo.

El empresario, cuyo padre Joaquín Carrillo Lira comenzó en 1956 la empresa familiar “Chocolate Imperial”, señala que aún hay quienes lo elaboran de forma artesanal y lo venden de esta manera, pero ya no en la cantidad que se manejaba anteriormente.

El entrevistado recuerda que en los años 60 y principios de los 70 era común que las amas de casa fueran con su cacao al molino para molerlo y ellas mismas hacían su chocolate en el hogar.

“Compraban en el mercado cacao, lo tostaban, lo molían y lo entablillaban en casa, era parte de la tradición y las familias tomaban chocolate en el desayuno y la cena”, afirma.

Carrillo Carrillo detalla que el chocolate tiene muchos valores nutritivos y una consistencia que permite que si uno desayuna una taza no necesita comer nada más, uno se siente satisfecho, lo que permite no consumir otros alimentos.

En relación con el “boom” del café en los últimos años y cuyos lugares de expendio o cafeterías se han multiplicado, el empresario yucateco explica que el chocolate es un producto tradicional y familiar.

“No es lo mismo que el café, pues éste se puede tomar en la mañana, al mediodía, en la noche, pero no tiene los valores nutritivos de una taza de chocolate”, asegura.

“El chocolate es para tomar en familia, en cambio el café lo tienes en la oficina, pasaste y en lugar de tomar un refresco tomas café”, apunta el entrevistado.

Carrillo Carrillo recuerda que hasta principios de los años 90 del siglo pasado había alto consumo de chocolate en las casas, pero ahora sólo la gente mayor tiene la costumbre de prepararlo en su hogar, aunque hay jóvenes que también lo prefieren.

Antes, dice, amanecía, se levantaban los yucatecos en las casas y se desayunaba en familia con el chocolate que la mamá preparaba.

Pero cambia el estilo de vida, comenta, ya no son los mismos valores y ahora prácticamente ya nadie desayuna en casa porque la mamá y el papá trabajan. “Es más fácil tomar café, sobre todo instantáneo, porque sólo caliento mi agua y lo preparo”.

“El chocolate requiere más tiempo, hay que poner agua, tener el batidor, molinillo, hay quien lo hace en licuadora, pero no es lo mismo, la consistencia cambia porque necesita un proceso lento para tener espuma, la licuadora es una velocidad muy alta, hay que saber batir para que se eleve la espuma”, explica el especialista.

“Hace 40 años estábamos nosotros, ‘Chocolate Pérez’ y el ‘Venadito’, y cuatro o cinco más, había en todo el estado cerca de 10 fábricas, independientemente de quienes hacían de manera artesanal su producto, hoy sólo creo quedamos nosotros”.

Planta pequeña

El cacao es una planta pequeña, no muy alta, de un metro y medio, dos cuando mucho, no puede estar en el sol, es de lugares muy húmedos, y se produce en una mazorca, es un fruto duro, como una vaina y en medio están los granos.

Para moler el cacao y sacar la masa del cacao se usaba molino de carne, pero era mejor el molino de piedra de las tortillerías porque era más rápido, había también unas quebradoras de maíz manuales. Luego le ponían azúcar y canela, aunque el chocolate realmente lleva muy poco azúcar, como un 10 por ciento. La gente se lo pone al gusto.

En la época prehispánica el cacao era un producto muy apreciado, se usaba para intercambio. Se preparaba una bebida que es el chocolate, pero se llamaba xichuatl.— Luis Iván Alpuche Escalante